Amor a los Domingos. Nací un Domingo, quizás por eso... Si quisiera un hijo, le pondría Domingo Argentino. Y si quisiera una hija, le pondría el nombre que mí padre no pudo conmigo, por mí madre: Malvina Soledad. - Si fuese una persona más sencilla, le pondría Aaron por «Seven Wonders» de Fleetwood Mac, pero me es muy internacional y demasiado argento es mí ser, orgullo porteño, pese a vivir en una de las provincias más lindas y escuchar música de afuera. Pero siempre seré una ciudadana, citadina furiosa, acelerada, pero convincente de lo que hace, quiere, aún no sabiendo si vá a llegar. Descarada pero libre.
Calidez en los Domingos. El peor día para muchos, el mejor para mí. El día más suicida para tantos. El más bello a mí parecer porque, si bien no descanso, hago más cosas en casa y no cumplo horarios, no cumplo con nada ni nadie. Sólo conmigo y los míos. Sólo con el amor que me rodea: Ellas con sus narices húmedas. Ellos con sus uñas. Las plantitas con sus señales de "regame". Buda en cada esquina de la casa para cuidarnos, para cuidarme, limpiarme. A veces no puedo limpiarme tanto como debería, cuidarme como tendría. Pero lo hago y lo haré, podré re-intentar. Podré hacerlo mejor cada vez... Estoy en un mundo donde moldean sú cuerpo pero no sú mente, mucho menos sú corazón. Dicen ser así y se cierran en eso. Abunda el miedo y la tibieza. La desconfianza. Logrando que los usuarios levelen cosas íntimas a extraños en vez de allegados, para no ser juzgados ó para evitar ser no-comprendidos. Donde cuentas públicas se llenan de fotos por aprobación ajena, tratando de llenar carencias, vacíos, tapar inseguridades. Y qué bueno que no me tocó ser así. Qué bueno que todo lo que quiero lo encuentro dentro de mí, no afuera. Qué lindo ser bajo perfil. Qué maravilloso escribir en público algo que no se leerá. Y si se lee, no se sabrá de dónde ni de quién vino, ni para qué. Sólo de cuándo: Un Domingo 24.
Domingo 24, como el día en que nací. Pero hoy de Mayo, no de Febrero... Estamos llegando a mitad de año. Mientras la gente enloquece por El Mundial y con la esperanza de que La Selección salga campeona por 4ta vez, yo como buen ser que vá contra la corriente, ando totalmente en otra y desapercibida de lo que vá a pasar porque me es irrelevante ya. Mientras el mundo se para por unos partidos, la economía sigue igual y la política peor. Cosa que odio de los argentinos es eso: Tapar el sol con un dedo. Y sí, están bien las distracciones, olvidarse un ratito de lo que nos aqueja. Pero tampoco olvidarlo, hasta hacer como si no existiese. En fin, ya falta menos para el caos. Ya falta menos para empezar a recordar que pasaron casi 4 años de aquellos tiempos. Tiempos distintos. Siempre creí que yo antes era más activa, que hacía más cosas y hoy estoy más dejada. Pero no, me dí cuenta que en realidad nunca dejé de hacer cosas. Sino que las que hacía ya no las pude continuar y las reemplacé por otras... Pequeño consuelo, si me han de preguntar, así lo llamaría.
Y hablando de pasado, mí 1er Sabonim me escribió entre-semana. No sé qué quería, puesto a que no le respondí más... Espero que ésto no sea señal de volver atrás ó retomar algo de tal. No quiero que me devuelvan a la gente de antes, gente que no quiero (por eso no le seguí la corriente). No me gustaría reencontrarme con aquel profe, ni mucho menos revivir gente (fuera de ésto) que maté por inútil. - No creo en los zombies así que espero (ruego) no andar viéndolos luego por ahí, arrastrándose por las veredas que podríamos tener en común... Estoy bien así. Y si tendría que volver a TKD, volvería con mí 2do Sabonim. Así como si tuviese que volver a Boxeo ó a Basket. volvería pero a otro sitio, con otro/a profesor/a, con otra gente, lejos. Si tuviera que volver a senderismo ó a trekking, también. Así como cambié de gimnasio y me sentí bien. Porque es increíble la diferencia que hace el no hacer unas simples 2 cuadras más, e ir a un lugar donde casi era invisible. Esas 2 cuadras fueron y son diferencia, parece una tontera, pero me dá más tiempo, menos gente y, por supuesto, mejor entrenamiento en un lugar equipado distinto, pintado diferente, con 2 profesores que se notan que aman lo que hacen y que se aman entre ellos, y que saben lo que quiero en cuanto a mí cuerpo (porque no saben que me gustaría tener una relación como la suya, hermosa).
Qué lindo ser comprendido, apoyado. Lo hacen entre ellos como pareja, y lo vuelcan en mí como alumna, guiándome y motivándome cada clase. Y qué lindo es estar ahí por salud, por mí, y no por escapar de una dolencia como lo hacía antes. O hacerlo por venganza siquiera, como hacen otros. El típico "para que vea lo que se perdió". No, la otra persona no perdió nada si terminaste siendo terrible imbécil con ese pensamiento. El-La que en verdad sana, no hace las cosas para competir, a ver quién terminó mejor de los dos. El-La que realmente sana se siente mejor consigo mismo/a trás haber superado todo, madurado, siendo mejor de lo que se fué y no la misma porquería ó peor. Así como a mí (erróneamente) me hubiese gustado terminar siendo como él, para hacerme la vida más fácil. Pero no pude, no pude rebajarme tanto. No pude ni siquiera ser uno más del montón. No supe cómo, no supe cómo seguir y terminé siendo yo y mejor... Aunque quizás sí podría ser así yo como él pero sólo con él mismo, un reflejo de sú egocentrísmo. No por venganza ni por pagarle con la misma moneda, sino porque en verdad se merece (de mí parte) a alguien así, vil como él. Necesita alguien que lo rebaje, que no le importe, que lo descarte, así sería yo con él como él lo fué conmigo. Su peor versión siempre seré yo. Y pensar que, imaginariamente, me había construído una vida con él. Lo veía eternamente conmigo hasta el final, y ahora no lo quiero ni ver.
Pensamientos. Sentimientos. Muy de Domingo. Creo que cuando decidí cerrar mís puertas aquél Domingo 18, no sabía que me iba a sentir tan bien. El Lunes 18 cumplí un mes de esa limpieza. Limpieza que noté bastante rápida, porque el tiempo vuela y los sentires débiles se gastan... Qué lindo liberarse. Qué lindo dejar de esperar a alguien que no existe. Divina la hora en que decidí dejarlo por completo. De darme cuenta que aquella persona que quería para toda la vida, se convirtió en el ser más despreciable, aquel que menos quiero tener incluso para el resto de mís reencarnaciones. Bendito el momento en que me dí cuenta que amarlo y demostrarlo por 3 meses no supera el dañarme y odiarlo por 3 años. No tuvo sentido. No me arrepiento haberlo bien sentido. Me arrepiento haber desperdiciado tanta vida y amor en alguien que está muerto por dentro desde hace mucho antes de conocerlo... Con tanto odio que le tuve, podría desearle la muerte realmente. Pero la muerte es divina, ganada, un regalo que él no merece. Porque la muerte es la liberación de los miedos, dolencias, culpas, todo. Y él no se lo ganaría ni en sus otras reencarnaciones tampoco. Se merece lo peor. Se merece incluso tener una hija, que nazca en Febrero también, y que de grande le hagan lo mismo que él me hizo a mí para (tal vez) tener un mínimo de entendimiento, sentimiento y empatía. Que me recuerde en sus lágrimas... Sería incluso mejor que los genes hagan lo suyo para que ella sea igual a él, que tenga sú cara, así ese sería el único modo de verlo a él llorar, de verse sentir.
Domingo 24 y me alegra éste sol radiante. Ya es otro día, uno ideal para hacer cosas afuera, ahora, después de mí segundo café con L&O como cada mañana. Mañanas tranquilas, si me han de preguntar, porque me siento limpia, liviana. Y no, no bajé de peso, al contrario. Trato de una liviandad espiritual, mental, sentimental... No tengo la vida hecha, aún sigo peleando por tal. Sólo que tengo un peso menos con el que cargar cada día. Saber que ya no sueño cada noche con esa persona desde hace meses ya me es enorme. Gigantezco no recordarlo, no con amor ni con odio. Sólo sé que fué una persona despreciable, sin memorizar lo que hizo y lo que no. Sólo sé que ya no lo quiero. Sé que no lo querría nunca más en ésta ni en otras vidas. Y me quedo con la tranquilidad de saber que no me lo toparé en ningún lugar. Por suerte, terminamos con gustos diferentes y gente distinta, pese a coincidir en tantas cosas en aquel entonces, yo sé que no podría reencontrármelo nunca más. Mientras él despilfarra sus días y noches con mujeres y hombres alternativos, yo invierto en mí serenidad. Donde él vaya yo sé que yo no voy a estar. Y saber que si de pura casualidad me lo encuentro, con seguridad no me generaría nada. Tendría aquella tranquilidad sabiendo que no me podrá hacer ni decir nada porque los fantasmas sólo observan, no accionan, no sienten, no hablan. Ese tipo está muerto hace muchísimo tiempo, sólo que conmigo se lo aseguró. Porque yo lo maté en mí y lo enterré con mí anterior yo. Porque hoy ya no soy la que fuí, aquella ilusa. Mientras él seguro seguirá siendo aquel imbécil que arruinará la vida de alguien más. Alguien que, lastimosamente, también necesitará de una experiencia tan ruín para aprender, crecer. Alguien que necesitará de un narcisista para auto-valorarse más, después de toparse con alguien que no sabe lo que quiere pero sabe bien jugar, fastidiar, arruinar para sentirse mejor consigo mismo, tratando de llenar un vacío que nunca llenará... Yo también estaba vacía, pero fuí diferente: No lo elegí para llenarme. Lo elegí a él para que no pasara por lo mismo. Por eso se terminó llevando todo, cual crío en el cyber que creía que copiando todos los accesos directos tendría los juegos completos. Una lástima, se llevó todo pero se quedó con nada.
Mientras tanto, hoy Domingo, éste espíritu libre seguirá el camino de la paz, del amor, de la tranquilidad y la salud. Espero escaparme un ratito, próximamente. Viajar nuevamente. Es que últimamente me estoy equipando, alimentando mí lado nerd. Así que mí modo roading está en pausa, mientras mí modo hippie sigue disfrutando de las flores, de las aves, de las mariposas, las pocas que quedan por ya estar en Otoño, pronto Invierno. Disfrutando de la oscuridad de cada mañana, hasta que sale el sol cada día tarde, gracias a los vientos, mientras los míos buscan el calor y la calma en ésta casa que trato de llamar hogar después de tanto. Trato de que en verdad lo sea... "I'm still so strange and wild", como la canción de Lanita. Pese a que alguien arruinó mí vida, sigo guardando y dando amor, pero a quien en verdad se lo merece. Pese a que arruinó mí vida y mí persona, supe crearme otra como otra. Sigo con mís ideas, ganas, nuevas, viejas y renovadas en mí lista de quehaceres y sentires. No es que tenga más ó menos sueños que antes, ni que haya cumplido con anteriores. Sino que los que tenía ya los borré. Borré una vida con él, por suerte. Me tuvo que arrebatar las ganas para que yo dejara de perder tiempo y cariño. Y qué bueno, porque no me vería con alguien así, tan cobarde, tan limitado en muchas cosas pero tan regalado para tantas personas. Hombre-Blanco, ¿qué esperaba? (sí, él me hizo racista y misándrica). No era para mí, sólo que yo no lo veía así. O no quería verlo. Sentir te anula el pensar, y lo logró por mucho tiempo. Éramos calor y frío tratando de coexistir en un mismo espacio. Él el día y yo la noche al mismo tiempo, imposible. Me costó un tanto comprenderlo, pero lo acepté. Abracé la idea de que no podría soportar ni un día más al lado, cerca, a distancia, en contacto con esa persona. Agradezco en verdad que ya no exista. Agradezco en verdad no haberme adherido a sú juego, dejarme absorver, manipular. Me alegro el jamás sentir la culpa que él quería que sintiera, el echarme en cara toda responsabilidad como si yo la tuviera. Como si él hubiese sido el afectado en todo ésto. Qué bueno no seguir arruinándome la existencia con él. Amar es comprender, no soportar. Amar es crecer, no trabar, condicionar. ¿Amar? El nunca amó, no sabe lo que es y no lo sabrá nunca. Y ojalá, cuando yo muera ó él se esté muriendo, no me recuerde por lo tanto que lo amé sino por lo fuerte que lo odié. Al fin y al cabo, aquello último fué el sentimiento real más profundo y eterno. Hasta mí último respirar.
En fin, éste ser se despide, y ya era hora. Porque ya no soy lo que era, no soy quien fuí con él ni soy lo que fuí después de él. Soy otro ser y soy alguien que ya no tiene esos 34 tampoco. Que no tengo nada más que sentir, pensar, decir sobre ésta persona. Por eso, éste es mí último relato, mí último manifiesto.
Mí idea de cerrar ésta versión mía fué en aquél 18 de Abril. Pero el 18 de Mayo me dí cuenta que no me despedí correctamente (directamente desaparecí). Y me es mejor así, con un último sentir, con un último rencor, con un odio infinito a exponer. Pero con un amor inmenso hacia la vida, hacia el destino, al estar viva, a lo que me rodea y obviamente hacia los míos (mís hijos, mís nietas) por acompañarme con sú enorme amor. Agradecida con Buda por su camino, el cual trato de seguir en línea recta aunque a veces me toca, como hoy, desviarme un poco. Agradecida también por cuidar a mís bebés, especialmente cada vez que me voy. A Shin-Ryū por las bendiciones, aquella abundancia, toda la suerte que me ha de tocar de vez en cuando. Siento que no tengo todo pero sé que lo que tengo me es grato, suficiente. Sé que puedo y quiero más, lo reconozco, pero eso no es carencia ni avaricia, sino que es el deseo de mejorar. Es crecer, construir. Seguir construyendo, expandiendo. Reconstruírme a mí, y lograr aquella vida que no siempre quise pero es la que quiero hoy, ahora... Nunca me imaginé estar viviendo ésto acá. Nunca imaginé nada, en realidad, nunca tuve sueños ni objetivos precisos. Siempre viví el momento. Siempre nómade de lugares, de ganas. No por no saber lo que quería, sino por querer cosas distintas en ciertos precisos momentos. Siempre libre. Y creo que de eso se trata todo, de no seguir una línea, sino varias. Por eso las plantas tienen raíces, por eso cada línea tiene otras líneas. Para tomar, de donde sea, lo que necesitan para crecer.
Hablando de crecer, cambiar. Después de escribir ésto y hacer unas cosas, me fuí a andar en bici al lugar que siempre quise volver. Un lugar para el otro lado, donde solíamos trotar con el profe de funcional... Quise irme lejos, hacer aquellos 10 kilómetros y más que hicimos caminando, pero ésta vez en bici. Era un nuevo día, un nuevo Sol y una nueva propuesta, un leve cambio. Pero no pude, oh sorpresa y oh suerte la mía: El camino estaba peor que el otro, cambiado, bloqueado. En construcción tras una nueva autopista por levantar, así que tuve que volver. Volver al viejo sitio, al mismo de siempre, al mismo de ayer. La vida me decía que vaya y que ahí me quede, que ese es mí camino y la rutina no debe romperse, no ésta vez. Así que, pese a hacerme tarde, fuí con el anochecer encima mío, con Fleetwood Mac acompañándome en mí sentir. Un sentir que hoy no sabía que iba a brotar, a doler. Porque justo cuando estoy llegando a uno de los lugares donde nos vimos por última vez, comienza a sonar Silver Springs. Pero ésta vez no la salté, sino que la escuché. La quise escuchar, me quise probar. La dejé, la sentí, la lloré. Al punto que no podía ver dónde iba, ni respirar bien pese a no estar corriendo.
Hace cuánto no sentía esa angustia. Angustia que no sabía que aún existía, que aún podía brotar así nomás, salirse con una canción. La canción más triste que escuché en mí vida, con una letra que supe experimentar arduamente. Un tema que espero nunca más volver a escuchar, a sentir, ó al menos no así como hoy, llorándolo. Largando el último odio y reproche que me quedaba... Ya siento que dejé todo allá, ahí en ese lugar, con esos árboles. Con aquellos dos arbolitos, los únicos sólos juntos entre tantos. Aquellos a la par, como si los hubiésemos plantado nosotros en representación de nosotros mismos. Aquellos que sí pudieron seguir, supieron creecer a la par, donde sus líneas (raíces) sí siguieron un camino por igual. - No, no era éste mí plan, pero por algo fué y supongo que fué lo ideal. Desde aquel lugar que me hizo darme la vuelta hasta el volver al sitio de siempre pero como nunca, sentimental. Lograrme despedir a la par de éstos textos, aquella canción, y lograr terminar ésta historia, éste libro para al fin poder comenzar otro totalmente distinto... Se cierra el de tapa púrpura para abrir el de tapa roja. Sú color (azul) y el mío (rojo) ya no se mezclarán para hacerlo nuestro.
Estuve a punto de escribirle, antes de las 00:00. Sí, ahora, para culminar con éste Domingo 24. Quería redactarle lo tanto que lo odio, que fué lo peor que se cruzó en mí vida, para anular totalmente lo último que le escribí. Aquello diciendo lo contrario, justamente, que fué lo mejor y que no iba a molestarlo nunca más. Pero no me animé, y no por cobardía. Sino porque supuse que él sería el mismo imbécil de siempre, que lo más probable era que intente persuadirme, evadirme, contestando algo como un "quién sos" sabiendo perfectamente que soy yo. Y yo no le iba a permitir eso, el tener la última palabra. Y tampoco querría seguirle la corriente, alargar un mensaje, insultarlo para convertirlo en una mala conversación, tirando a discusión. Así que preferí todo ésto sin ticks, sin esperas, sin trabas, sin foto de perfil sin restricción ni bloqueos. Éste último y libre texto, junto a una última foto en historias. Y pronto le dedicaré una última publicación en el feed, que es más productivo que un chat con un fantasma con el que gastaría energía emocional y mental en un mensaje que claramente le vá a llegar, lo vá a leer pero no le vá a entrar en la cabeza ni en el corazón, ni lo vá a aceptar... Ahora sólo me toca esperar a que éste odio lo sienta desde la distancia. Ésta distancia que fué lo único que supimos concordar en ésta vida. Y, quizás, en mil más.
Hay almas gemelas que se reencuentran para volverse a amar, y quizás nosotros no tenemos esa suerte. Tal vez estamos hechos para volvermos a odiar cada vez que renazcamos. Y no está mal tampoco, porque al fin y al cabo, sigue siendo un sentimiento de lo más puro y sincero.