Creo Saber Cómo.

Ayer expresé una duda existencial: ¿Cómo seguir? ¿Cómo continuar así, con tanto odio? Y creo ya saber cómo... Es Martes. Otro día, otra oportunidad, otra continuidad. Siento que ya es Jueves porque no doy más, pero todavía tengo mucho por delante. Aunque hoy me voy a reservar la tarde para cortar el pasto como "actividad" y luego proceder a entrenar para culminar con el día. - Tengo un cansancio notorio pero satisfactorio. Un cansancio físico que me permite entender que hice bien las cosas ayer: Salí a andar en bici, pasé por la peluquería y llegué antes al gimnasio. A todo ésto, la tatuadora de preferencia me mandó el diseño. Aquel diseño de un pronto tatuaje que no estoy pudiendo costear aún (porque ya me gasté la plata), y aún así confía en que me lo voy a hacer y ella trabaja en ello. Confía. Sabe el respeto que le tengo, sabe que me agrada sú trabajo, sú arte, sú persona. Y sabe cada sentimiento, la pasión que le pongo a todo tatuaje que invento. Especialmente el último. Digamos que sabe algo de la historia, el significado, lo plasmado. Es un tatuaje muy lindo, representa todo el amor que le tuve a un imbécil y que no me arrepiento (en parte), porque antes no era tan imbécil. Porque yo amé a una persona. Una persona que ya no existe porque lo que fué él luego ya se tornó en otra, en una peor. Un cambio de máscara, una versión con quien no estaría ni aunque fuese el último hombre en la tierra. Así que no me taparía nada de lo hecho porque precisamente no fué para el «él» que fué después ni el «él» que es hoy. Sino para aquel con quien tuve un maravilloso Verano en Diciembre del 2022 y en Enero del 2023. Época de la cual, aún sabiendo que todo iba a colapsar, disfruté cada día hasta el último que pude.

Era una persona con ciertos detalles, como todos. Ciertos "defectos" como dicen algunos, como todos los tenemos, pero yo lo quería así. Con una versión de él que tuvo sólo conmigo y que nadie tendrá, que él ya no será... A él le dediqué esos tatuajes, dos de hecho. O tres si contamos el de los dedos, sobre el puño. Puño con el que le daría en la boca si lo volviese a ver y se atreviese a siquiera mirarme, si es que aún acarreo aquella bronca (porque hoy ya no la tengo tan latente): Hoy estoy mejor. Por eso creo saber cómo. Cómo hacer para estar bien, sentirme mejor. Y seguiré así, entrenando. Seguiré haciendo todo junto. Todo lo más que pueda, lo que el cuerpo resista... Recién es Martes pero ésta construcción de tranquilidad recién comienza. Así que es cuestión de continuar hasta que ese odio, ese rencor, se vuelvan a congelar. Quedarse ahí eternamente. Porque el odiar me es una gran sensación pero no para sobresalir de vez en vez sin que le llegue. Es inútil... Creo que lo malo de sentir tanto es ésto. No pude amarlo y me tocó odiarlo pero, irónicamente, ninguna de las 2 sensaciones le fué llegado. Al fin y al cabo, no recibió ninguna de manera directa. Pero ojalá que mí maleficio le surja efecto y sepa que soy yo quien se lo está enviando, hasta el final de su miserable vida.

Sinceramente, creí que no iba a funcionar ésta vez. Era no tener ganas de escuchar los audios de mí padre ni leerle a mí madre, el no tener contacto con nadie. Era el cerrarme, desconectarme hasta sanar, y creí que hoy iba a estar igual de apartada, renegada de la vida. Pero anoche ya me sentí mejor, y recordé que el último brote de odio que tuve fué cuando no tenía bici, no acudía a esa peluquería, no conocía a ésta tatuadora y no iba a éste gimnasio. Básicamente, estoy haciendo lo mismo pero diferente. Y quizás eso me ayudó bastante. Estoy tratando con gente que me atiende por un lado, y gente que me ayuda, me guía por el otro. Es continuar con lo que durante todo éste tiempo me hizo bien, pero a modo distinto, con distintas personas, con un distinto yo también. Alguien que ya no le duele todo y tanto como antes, alguien que no lloraría días, y alguien a quien no se cruzaría más a aquél causante de tanta angustia: Quizás, en sú momento, no me agradó el hecho de que el club cerrara por refacciones. Pero creo que hoy en día sería el único lugar donde podría encontrarlo. Y me sienta bien el no ir. Creo que ir sería esperarlo, buscarlo, encontrarlo y recordar todo lo mal vivido, invertido en un idiota que no sabe lo que quiere, lo que siente, lo que le hace bien. Un desgaste del cual ya no quiero ser parte. Un desgaste que espero que él tenga, que se desilache, que lo viva y que lo mate. Como lo hizo conmigo.

Creo saber cómo. Creo sentir cómo me está surgiendo efecto. Creo poder continuar con la vida, rehabituándome. Reacomodándome. Reconstruyendo aquella tranquilidad que tenía. Aquella tranquilidad que justamente me hizo verle lo bueno, por culpa de ese sueño. Sueño lindo que espero no tenerlo. Y espero que él lo tenga, que sepa, que recuerde, que le remueva lo que tanto perdió y que nunca tendrá por inútil, y porque ya no lo bien merece tampoco. Porque sólo merece soledad por más gente que tenga a su alrededor. Merece vacío por más compañeros y amistades que traten de llenarlo con buenos tratos. Merece que lo usen, merece que lo dejen, que lo vean como un juego. Que lo dejen con las dudas y con las ganas, como lo hizo conmigo. Merece a alguien como él mismo. Merece todo lo peor dentro de todo lo mejor que le pueda pasar. Merece disconformidad, merece angustia en la felicidad. Merece reír y quebrarse por dentro. Merece eso y más, especialmente los Viernes... Ojalá ya lo haya tenido y lo siga teniendo. Por no querer encontrar, obtener aquella paz conmigo, entonces me será continuar la guerra. Hasta que él muestre la bandera blanca y yo proceda a ahorcarlo con ella, hasta que me ruegue el perdón.