Permítanme quejarme una vez más de la melancolía que me arrasa. O lo que sea que me está agarrando como previa a los preparativos para recibir a mí hermana... No sé si será la lluvia o qué, quizás por ser Sábado, un Sábado de Diciembre ó simplemente hacer compras para alguien que estimo. O tal vez todo junto es lo que me trae el recuerdo de haberme esmerado por alguien de interés hace añares: Los aros, el chocolate, las curitas para que se tape el piercing, el inflador para sú bici. No lo sé, muchas cosas pequeñas, pero de cada día. Aún tengo la rama que usó para senderismo. No quise que la tirara a un canasto ajeno y me la traje. Lo que viene de la Tierra es para la Tierra. Sin embargo, acá la tengo, trabando la ventana para que el viento no la cierre y mí gatita pueda entrar y salir cuando quiera. En fin, los caracoles, los cuarzos, un caracol de mentira que todavía tengo también, pero colgado cual llavero en mí mochila de trekking, el paquete de galletitas que me regaló para mí cumple. Y la duda de que si todavía tiene el regalo que le dí ó si lo habrá vendido, o dado a sú hermana también como la musculosa vieja. Que le queda bien, por cierto. Al menos no la tuvo de trapo de piso... En fin, déjenme quejarme una vez más de la melancolía, de las memorias, de los recuerdos que hace mucho no recurrían en mís pensares y no sé de dónde salieron ahora. ¿En verdad me estoy desprendiendo del ser que más amé en ésta vida, de a quien le dí gran parte de la mía?
Estoy con los últimos detalles para el recibimiento de mí hermana, y creo que no perdí el toque, todavía. Me dí cuenta que, pese a una lista humilde de compras que me encargó, adquirí también otras para brindárselas en un formato distinto. Incluso cosas que ni pidió. Aunque tampoco algo tan ostentoso, sino un simple detalle para alguien con sueldo humilde. Entre otras cosas de parte de mamá y papá, claro... Creo que hace mucho no ando a las corridas por alguien, y lo había olvidado. También noté que me dió ésta melancolía por la tarde-noche, lo cual fué raro porque eso sólo pasaba los Viernes. En realidad me pasaba los Sábados, y él me los contagió los Viernes. Ahora volví a los Sábados, a mí melancolía original. No sé lo que significa ni por qué, pero acá estamos. Asumo que por aquél Sábado que tiramos un rato en el club, cuando se largó con todo. Me pregunto si se acordará. O se acordará de aquella lluvia donde las calles parecían ríos, y mí excusa para quedarme a charlar un poco más era esperar a que pare un poco de llover ó que bajen las aguas. También recordé, con la tormenta de hace unos días, cuando fuí a buscarlo un 9 de Enero. Las aguas me llegaban hasta la mitad de mís canillas. Ni siquiera sabía si lo iba a encontrar, pero lo encontré. Tuve suerte, tal vez. Le dije que me dijera qué le pasaba, que me contara, que me escribiera más tarde el por qué estaba así. Y claro, no lo hizo. Creo que esa fué la ante-última vez que le escribí. Después fué antes de sú cumpleaños, como 10 días antes, si mal no recuerdo. Y nunca más quise dirigirle mís palabras. Sólo éstas, totalmente expuestas pero indirectas. Para sanar un poco, tal vez, sacar de adentro aquellas nostalgias de algo que pudo ser grande, enorme y no se pudo ó no se supo cómo, o él no quiso hacerlo.
Permítanme quejarme una vez más de todo lo que está pasando por mí mente, así puedo desprenderme poco a poco de todo, para terminar bien el año y comenzar uno más límpio. Uno que no duela tanto, uno que me dé todo lo que quiero y necesito. Y me deje de perseguir alguien que ya no está, que no pude tener ni tendré. Quien extrañaré toda la vida aunque ya no exista. A quien siempre amaré por lo que fué.