22 del 2. A 2 días de cumplir con un año más de vida y un año menos de muerte. Más lejos de mí nacimiento, más cerca de mí deceso. Se siente grato el camino que estoy llevando para lograrlo. Al menos he de sentir eso hoy, 22 de Febrero y con éste hermoso clima de Domingo nublado.
Las lluvias constantes y homogéneas de éstos últimos 2 días me retrotrajeron al anterior año, al previo verano donde yacíamos entre flores amarillas y calabazas, aunque en ese entonces disfrutábamos de las garúas persistentes, ritardando... Siento que cada vez llueve más, presentando así más cantidad y una notoria arítmia. Hasta llueve con Sol, a veces. O truena, se oscurece como si el cielo fuese a caer, pero de repente caen 2 gotas y eso fué todo. No sé si es bueno ó malo (¿calentamiento global?), pero de que es raro lo es.
222. Los 3 patitos. Entre therians y otras hierbas, habrá que aprender a flotar tras percibirnos como patos con éstas calles sin asfaltar e inundadas. Aquellas con perfume a tierra mojada y pasto recién cortado. Creo que será una de las primeras cosas que iré a extrañar cuando me vaya: Ese olor, ese aroma, esa oscuridad, ese silencio, la tranquilidad. La blandura del colchón de césped y el chapoteo involuntario en los charcos donde yacen anfibios cantores. Otra cosa que extrañaría el día de mañana, sus sonidos. Especialmente el de los pequeños, el mismo sonido pero con el pitch alterado. Más rápido y más agudo, una ternura temporal ya que suelen crecer rápido, como toda criatura.
Criaturas. Hemos de vivir aquí unas cuantas. Algunas ya no están, pero no me siento mal como antes, no como el año pasado ni mucho menos como hace 7 años ó más. Por eso acoto que me estoy sintiendo bien, estoy bien, me muevo bien dentro de todo. Bien para no saber aún si tengo que cambiar algo, pasarme a otro camino ó seguir el mismo pero intensificado, decidido. El tiempo dirá, pero a la vez, no me importa. Porque el Tiempo no me marcará las agujas, sino que el Destino me señalará dónde y cuándo es el momento. Mientras tanto, sigo con lo mío, con los míos, con los pocos propósitos que me quedan en el bolsillo, en mí pequeña lista. En un papel mojado que, de tanta tormenta, cada vez se borra más lo que quiero y pretendo hacer. En fin, otro año más, otro año menos, pero ahí vamos. Notando que los meses pasan y que, en un parpadeo, otra vez será Otoño y volverá el frío. Me lo viene anunciando éste frescor repentino, tras las lluvias. Que me recuerdan a los días del 2021 cuando estaba logrando, de a poco, encontrar mí camino en cuanto a entrenamientos: Dónde, cuándo, qué, con quién. No pensaba otra cosa más que en eso... Organizarme y actuar.
Vestirme, calzarme los auriculares e irme al club. Hacer funcional era mí rutina de aquél entonces, sumándole senderismo los fines de semana, pero de vez en cuando. Mientras que en las vacaciones hacíamos una especie de boxeo al fondo con ese gran compañero que tuve, que de repente empecé a extrañar ahora, éstos días, cada vez que arranca a bajar el Sol a eso de las 18 horas... De a poco fuí haciendo otras cosas, adheriendo a mí rutina distintas actividades: Recuerdo, más adelante, levantarme para trotar a las 5 ó 6 de la matina, para luego irme al gimnasio y tratar de hacer algo, aprender. Puesto a que ya en el 2023 no tenía idea de nada, sólo quería hacer fierros. Gratos recuerdos con aquél Sol de las 11 encima de mí, texteando con aquella misma persona especial a quien le contaba cómo me había ido... Recuerdo haberme comprado una gatita negra como porta sahumerios, en una de mís últimas pasadas por esa galería abierta (puesto a que luego cambié al turno nocturno), y cuando todo se estaba diluyendo. Pero no era una gatita cualquiera, sino Bastet. Se lo conté con mucha emoción, aunque poco le interesó. En fin, aún tengo impregnado en la memoria aquellos humos que encendí, buscando con qué cambiar los aires de mí cuarto. El olor de la proteína que consumía, los cereales con leche de almendras, desayunando tarde (post-entrenamiento para recomponerme) mientras buscaba en mí cocina la claridad. Los por qués y para qués desde la ventana del fondo. En ese entonces, todo recién mal-comenzaba. Empezaba a desmoronarse. Mí persona especial ya no me correspondía. Pero esos tiempos ya pasaron, y es bueno saber que no tengo esas confusiones, ni dolencias ni rencores. Y que los aires, al final, sí cambiaron. Que todo lo malo se esfumó. Se los llevó Bastet.
El otro día obtuve otro retroceso, pero con aromas. Desde comidas hasta perfumes que sentía en otras personas, pero no recuerdo de parte de quiénes. Quizás sea bueno no tenerlos catalogados. Seguro que eran personas poco importantes ya, que en sú momento marcaron pero ahora no recuerdo qué tanto. O no me interesa ó no marcaron lo suficiente. Lo suficiente como para aprender sí, pero no para que se queden en mí. Para alterar la mente antes pero no aún el corazón ahora, por así decirlo. De hecho, estoy pensando en taparme 2 ó 3 tatuajes del antebrazo. No porque me arrepienta, sino porque esos tiempos ya pasaron. Y como existe el cover-up, quiero aprovecharlo. Si no existiese, la verdad que no sería el fin de mí mundo ni me amputaría el brazo ó usaría mangas, sino que los dejaría ahí. Pero soy de las personas que toman las oportunidades, y como tengo tatuadora que hace cover-ups, es una gran persona (lo poco pero certero que la conozco) y tengo algo de plata, me gustaría hacerlo con ella. Le pedí ayuda, porque tengo ideas pero no conocimiento. Así que veremos si podrá efectuarlo y tapar eso que ya no siento, que ya no me lleva a nada, tal vez. Quiero tatuarme el hoy, lo que vivo, lo bueno y lo lindo, no las lecciones que aprendí hace casi una década.
En fin, ahora está lloviznando. Y, nuevamente, me retrotrae a otros tiempos, a aquél otro verano donde recién me estaba adentrando a la paz, sometiéndome a la tranquilidad tras la tristeza... Es bueno recordar lo malo, a veces, porque te asegura que hoy estás bien, distinto, mejor, que al fin sanaste. Que de verte deplorable pasaste a sentirte estable. Rise&Shine, como dicen algunos. Pero prefiero quedarme en la tormenta, sólo que tomarla distinta. Al fin y al cabo, es una bendición éstas lluvias. (Gracias Shin-Ryū, dicho sea de paso.). - Pero nunca entendí por qué asimilan el bienestar con el Sol, cuando lo más calmo es la lluvia. Tengo esa metáfora invertida, porque no todo en la vida es luz y oscuridad (sol y tormenta, respectivamente). Es que, al fin y al cabo, en la oscuridad se brilla más.
Me voy a escuchar japanese lo-fi, a tomar un café como cada mañana y como si fuera el último. No por mí corazonada, no por fatalista ni nada. Simplemente, por disfrutar. Y porque todo cambia, también. Últimamente todo se está alternando de un modo en que, quién dice, quizás vuelva a los mates cebados extensos mientras trabajo tecleando en mí espacio especial. Con las criaturas alrededor, con las plantas que me costaron tanto que me perduren en la ventana, junto a las cañitas esas que suenan tras soplar el viento. Haciendo contraste los aviones que llegan a/se ván del aeropuerto... Qué ganas de un viaje, la verdad. Pero no necesidad. A diferencia de antes, cuando tenía ésta cuestión del irme. Y la verdad que sí quiero irme, pero no exhaustivamente ya y porque escapar no es la solución tampoco. Digamos que me haría el viaje a penas se me presente sóla la oportunidad, en vez de andar buscándola y rogando que se me dé el huir. Y eso es bueno, porque me doy cuenta que llegué a un punto de tranquilidad en el mismo caos. Como escribí antes, me quedé en la tormenta porque en la oscuridad uno brilla más.
En fin. No hace falta esperar al Sol a que te ilumine. Es cuestión de seguir avanzando pese a las lluvias, a los caminos cortados, al tumulto de gente, a los lugares que te cierran la puerta en la cara. Porque si no caminás, te estancás, te mojás y hasta te hundís. Y eso no es vida, esperar no es vivir. Vivir es avanzar, salir. Que vos seas tú propio Sol, tal vez. Porque nadie recuerda ésto: Que esté nublado no significa que el Sol no esté, que se haya ido. No. Que esté nublado sólo significa que el Sol no se vé, pero ahí está como siempre, sólo que detrás... Ponete a ver entonces, cuál es tú propósito. Tú propósito es seguir con tú ciclo, tú vida, porque sigue pese a las nubes. Tenés algo que hacer, hacelo, aunque no veas. Hacelo de memoria, aunque sea, pero hacelo. Como el Sol, como la Luna, como quien sea tú referente. Porque las nubes no son impedimento, no son excusa. Son sólo obstáculos. Y esos obstáculos se disfrutan porque siempre sale algo de lo cual aprender, notar, apreciar. Por eso me gusta cuando llueve, porque veo más de lo que puedo ver. Salgo más de lo que saldrían los demás. Los detalles brillan más de lo acostumbrado. Aprecio más todo lo que a veces no puedo. Quizás sea eso, a veces el Sol radía tanto que no me deja salir ni ver, sentir. Pero la oscuridad te ayuda, te lleva a notar y brotarte de más emociones, de un modo en que no lo harías...
Quedate en la tormenta, entonces, pero no seas parte de ella.