Desde más jóven, tuve la sensación de que me iría a morir jóven... No es locura ni atracción, ni miedo ni manifiesto. Es lo que, simplemente, lo titulé como «corazonada». No lo sé, es una sensación rara pero segura. Algo me aseguraba de que no iba a estar mucho tiempo en éste plano. De hecho, ya hace unos pocos años me vino aquella "señal" de que me iría a los 34 años, así que desde entonces me mantuve firme y convincente de ello, como si hubiese firmado un contrato ó algo que me asegurara que todo lo que tenía que hacer lo tenía que hacer ya, ahora, lo antes posible, porque no faltaba mucho. Así viví, con esa seguridad hasta ahora, hasta que comenzó éste año.
En 8 días paso a los 35 años y no siento malestar alguno, no enfermé, no cambié, no nada. Sí, podría morir repentinamente, en un accidente. Y tranquilamente eso podría pasar ahora, mañana, en la próxima semana ó hasta el día anterior a mí cumpleaños. Pero no lo sé. Últimamente, no estoy pensando que mí «corazonada» se vaya a cumplir como la "predije", porque creo que ya se cumplió, se está cumpliendo ahora y claramente de otra manera: Cambios. Enormes y bruscos cambios que me alteran la psiquis.
Todo cambia, todo se renueva, se altera, se contradice, todo todo. Ya no entreno como antes, ya no me alimento bien. Estoy perdiendo la motivación, estoy perdiendo el interés en algo que siempre quise de peque y que ahora ya no puedo mantener queriendo. Creo que me cansé, porque siento que nunca voy a lograr lo que me propuse, aquél físico. Me estoy ridiendo, me estoy hartando silenciosamente. Estoy queriendo una vida fácil, tranquila. Las 3 "Ts", como le digo: Trabajar, Tragar y Templarse. La última "T" conlleva una lista de acciones y no una como las anteriores "Ts" porque es el último paso, el más largo: Con templanza me refiero a tranquilizarme, a no pensar. Ver tele como cualquier idiota, comer cualquier porquería, encamarme con cualquiera sin importar sú signo, a quién votó, etc., y descansar, satisfacerme por otro día hecho y derecho, para finalmente dormir porque mañana será otro pero con lo mismo del anterior. Quiero eso, la simpleza, la monotonía. Quiero hacer lo que cualquier ser mortal hace hasta morirse, sin preocuparse de nada más que cumplir un día más como NPC de éste juego llamado vida. Lastimosamente, lentamente me estoy encaminando a eso aunque no lo estoy aceptando del todo. Porque si bien no estoy comiendo lo que debería y estoy tomando más de lo habitual, sumándole que no estoy siendo una persona ahorrativa como antes, aún sigo yendo al gimnasio. Es como si fuera algo que no estoy aceptando, contradiciendo, estoy en el medio, queriendo pero no pudiendo. Tragando y tomando como deseo, pero entrenando como puedo y no como debo aunque no dejándolo.
Debería lograr más y tragar/chupar menos. Pero no lo logro. Siento que me estoy dejando estar, y a la vez estoy haciendo lo poco que tengo de manera automática para no estar peor de lo que ya estoy (físicamente). Y, sinceramente, estoy queriendo dejarlo todo: Quiero dejar el gimnasio. Siento que no es mí lugar. Creí que, tal vez, yo estaba pensando mal. Creí que un cambio me haría bien, atiné directamente a cambiar de gimnasio, pero ahora píenso que sería lo mismo y peor. Y que el problema no es el lugar, sino que soy yo. Soy yo que no me veo ahí porque quiero, sino porque me obligo a estarlo. Siento que no llego a lo que quiero llegar pero tampoco estoy haciendo el esfuerzo, la voluntad que antes tenía, porque se me está escaseando. Ya no me sobre-exijo como antes, ya no lo veo como disciplina, sino como castigo. Ir y reventarme el lomo porque no supe comer, tomar bien antes. Y es triste. Triste ver algo que te salvó el ánimo allá por el 2023 el verlo hoy como algo que ya no dá ánimos, sino una especie de estrés por el desinterés que no termina de acentarse. Por el hecho de ir porque estoy pagando y porque tengo la capacidad y el tiempo, y no porque quiera, porque sienta en el fondo que voy a llegar a lo que siempre quise. Siento que me estuve mintiendo todos éstos años y me cansé de eso. No sé qué tengo. Lo único que sé es que no puedo ser quien era antes. Y no lo digo sólo por las fotos, porque me veo muy diferente. Sino por aquella sensación de que cada vez se desvanece más: Las Ganas. Porque antes sentía que vivía por algo, con ciertos objetivos e ideas, proyectos. Y hoy no siento eso, nada. De hecho, no cumplí con todos, ni la mitad. Y en vez de seguir por los de aquella lista, ya directamente estoy empezando a borrar punto por punto, aquel papel mental que me escribí en la frente está desapareciendo.
Y el profe no vuelve. El profe que tanto me enseñó, me habló, me animó y confió en mí, ya no lo veo y no sé si volverá éste año después de las vacaciones... De hecho, el lugar en donde entrenábamos aún sigue en refacciones, con arreglos y cambios. Cambios, más cambios. Será un lugar que ya no veré como antes y si es que vuelvo a tal. Porque sin actividades, no tengo muchos motivos para ir ahí específicamente. Y, a todo ésto, el camino donde voy en bici también está cambiando. Será una autopista superficial, un puente. El camino, aquella bicisenda de tantos años, está tapada, cambiada, alterada, saqueada. Saqueada por éstos tipos que sólo piensan en alterar y privatizar todo. Privatizar así como el club, porque ya no ván a dejar a entrar a todos como antes. Lastimosamente, siento que éste lugar cada vez se cierra más y me patea: Ya no puedo rutear, no puedo trotar, no puedo entrenar, ningún profesor me dura, ningún grupo de paseo permanece. ¿Soy yo la mala suerte andante? ¿O soy yo quien no arranca para otros lados? Puedo cambiar de ruta, puedo buscar otro club, puedo conseguir otros profes, pagarles en reemplazo del gimnasio, puedo buscar otro grupo y salir, ¿o no?. Quizás no quiero, quizás me cansé de que el resultado siempre sea el mismo, que todo se corte, se interrumpla. Así como todo, en general, porque no puedo tener amigos, amantes, nada. El sentido de pertenencia se me está desmoronando y no entiendo el por qué. Quizás, por eso, terminé saliendo en soledad para muchos lados. Lo malo es que no puedo rutear sin que mí padre se preocupe por los ineptos tras el volante, y no puedo hacer senderismo individual sin que mí hermana crea que me voy a matar.
Y hablando de miedos y muerte: Por último (lo más importante), mís bebés... Me quedan 8 días para cumplir 35 años. Y en casa ya no somos 8, dejamos de ser 3 + 5, ya que se fué una de mís pequeñitas. Que si bien ya no duele sú ausencia, todavía no entiendo mucho el por qué de todo ésto. Por qué ella tuvo que pasar por todo ésto tan rápido, tan brusco, de golpe. Y el por qué, en 3 semanas, otra vez lo mismo, otra vez se vá otro de mís bebés. Pero mí bebé lejano, porque no vivía conmigo. Sin embargo, era parte de mí y no supe comprender por qué ya no podía estar en casa con papá. ¿Cómo es posible uno en cada mes? ¿Por qué una criatura no puede morir tranquila, sin miedo, sin malestar, sin estrés ni nada? ¿No puede morir en silencio? ¿No puede llegar a una avanzada edad y simplemente dormir y no-despertar? No entiendo por qué tanto sufrir a quienes menos dañan. Las personas deberían enfermarse, dañarse y sufrir, desarmarse, lentamente, delirar hasta morir en agonía. No un animalito sin maldad ni crueldad... No acepto éstos finales. Acepto la muerte, pero no el modo. Tampoco acepto la tristeza de mí viejo. Mí viejo nunca mostró mucha emoción, pero nunca lo sentí tan bajoneado como ahora, desde que sú compañero gatuno (o nieto, como le decía yo) ya no está. Mí hijo se fué, dentro de todo, bien. Me acontenta que no haya sufrido por tanto tiempo, aunque hubiese sido mejor que no sufra directamente. Pero creo que no se le puede pedir mucho al más allá. En fin, se fué y lo acepto. Acepto que se haya ido pero no el modo, no tiene sentido, y en el caso anterior tampoco. Y lo que tampoco acepto es mí facilidad de soltar, a diferencia de mí viejo. Porque me siento egoísta, que lo quise menos. Y no fué así. A todos los amé por igual, en distintos tiempos y por distintos tiempos. Les dí todo lo que supe y pude, y quizás eso hace que uno no se sienta tan mal cuando ellos se ván, o que ese mal-pesar no sea eterno, que la culpa dure poco. Pero mí viejo, siento que vá a tener ese peso un largo tiempo. Aunque espero equivocarme, y recupere sú paz.
Oti se llevó una gran parte de nosotros. Pero soy consciente de que se llevó un enorme pedazo de mí padre y espero que eso no altere sú salud, que ya bastante tiene con tener que cuidarse, la dieta, las pastillas, trabajar, y encima trabajar menos por la mala economía de éste país. País gobernado por un enfermo-mental. Un violento, un agresivo con las palabras, las expresiones, un odiador, un economísta que quiso ser rockero y no pudo. Se hizo presidente y ahora hace presentaciones por doquier, comportamiento cual rockstar, ignorando (entre tantas cosas) los incendios al sur del país. Destrucción, sus ojos dicen eso y más. Poder. Ganó y no porque la gente estaba a sú favor, sino porque estaba en contra del gobierno anterior. No lo votaron por ser diferente, capaz, sino que lo votaron por no ser igual al otro. No lo eligieron por proponer otra política, sino por atacar a la política anterior sin importar cómo ni cuál sea ésta nueva. La gente no vota un partido político distinto, progresivo, bueno. La gente vota a un partido político que está en contra, atienta al previo. No vota ideas, proyectos, propuestas. Y es triste, porque no están votando por mejorar a todo el país, sino por mejorarse ellos y desmejorar al otro. Sectorizados, no somos más que eso hoy.
Los días cambian, los meses pasan, mís ganas se disminuyen. Mís objetivos ya no están firmes, la naturaleza muere, la gente cada vez más estúpida y yo acá, en un lugar donde cada vez me hallo menos... No sé si el país ó el mundo entero se está pudriendo. Lo único que sé es que el mío sí lo está haciendo, se está deshaciendo. Y no sé si así será mí final, si me estoy despidiendo. O simplemente no moriré y en realidad sea que mí vida está cambiando. Quizás no estoy por morir pronto, sino que mí vida será otra sin tener que nacer nuevamente. Quizás no necesito la muerte para cambiar de ser, sino que necesito que todo se mueva para yo renacer en ésta misma postura, pero alterada, otra mente, otro sentir. Quizás por eso nada me dura: Porque, dentro de poco, yo ya no tengo que estar acá. Tal vez mí vida no acababa a los 34, sino que cambiaba a tal edad. Pero no lo sabré hasta que pase. Todavía tengo 8 días para morir aún y entender si mí «corazonada» es real. O simplemente es mí «mentalizada» la que ahora domina mí camino actual. Y lograr entender si todo ésto, éstos cambios, me están alterando el pensamiento, el sentimiento, y se me está dando otra oportunidad de vivir como otra persona sin tener que dejar de ser yo total y realmente. No lo sé, no lo sabré hasta que pase. Y espero saberlo pronto.