19 de Marzo, "sentimientos encontrados" como dicen... Hoy retomo ésta fecha pero del 2023 con ésta especie de festejo por el aniversario de cuando decidí aceptar lo que sentí.
Me veo a mí, me recuerdo a mí misma, tratando de salir del dolor, huyendo de la angustia yéndome por la ruta. Quizás por eso trotaba tanto, todos los días: Para escapar de la tristeza que me perseguía... Hoy, viéndolo desde otra perspectiva, llego a sentir que ya no duele tanto, que ya no lo lamento. Aquel hecho de que no haya funcionado. Aquel hecho de no poder amar a quien tanto amé, en el sentido de no poder demostrarlo intensa y eternamente. Que aquellos pequeños e innoscentes planes no se hayan concretado, desde la "travesura" de teñirme el pelo de rojo y el re-perforarme la oreja. Hasta aquel podcast que comentó como idea, que sin embargo aún pienso si lo habrá dicho en serio... Quizás transmite por twitch y nunca me enteré, es que todos tenemos un lado que no queremos mostrar a cercanías. Todos somos otros. Somos alguien que no compartimos ser a nuestros allegados, como yo acá con mí alter-ego débil, un kamikaze emocional, escribiendo sobre la única persona con la que hubiese querido pasar el resto de mí vida y no pude.
Cuánto amé, cuánto supe sentir. Lo quería para todo, incluso detalles. En aquel entonces quería arreglar la bici, quería que nos fuéramos por ahí. No sé por qué, la gente generalmente cuando se enamora ya sueña en casarse y tener una cantidad específica de hijos/as, hasta el género en que los quiere. Algo vulgarmente lejano e iluso, para mí gusto. Yo siempre iba a lo simple, no me iba más allá del hoy. Yo sólo quería andar con él. Pero terminé yo sola andando por la ruta, subiendo a todo lugar alto que encontré para ver el atardecer por mí cuenta. Preguntándome si ya lo vió antes, ó con alguien más, como nosotros al fondo del club sobre la pileta... Fué lindo amarlo mientras pude. Y fué lindo creer que iba a poder hacer todo y más con él. También fué doloroso perderlo, pero al menos tuve la oportunidad y capacidad de sentir, hacer, demostrar, soñar un poco tal vez, y vivir.
El último recuerdo que tengo de él ya no es sú mensaje, aquel donde escribíó que ya no le importaba lo que yo sentía. Obvio, lo recuerdo como para escribirlo ahora pero no como para tenerlo en cuenta. Sí lo tenía muy presente antes, porque tengo la capacidad de olvidar lo malo y quedarme con lo bueno, pero eso me hacía extrañarlo. Extrañar a alguien que no volvería por más que yo sea la última persona en el planeta tierra (él hubiese preferido viajar a la luna con tal de encontrar a otra). Así que procedí a tener en cuenta únicamente lo malo para no extrañarlo, no pensarlo, no quererlo, porque no me quedaba de otra. Porque era mejor odiarlo que amarlo... Pero ese odio, por suerte vá cesando. Aunque, a la par, ese amor también. Por lo tanto, yo sé que pronto, podré ser nula y sentir nada. Como si toda ésta historia no hubiese existido, tal vez. Aunque en el fondo sé que siempre estará ahí, pero sin melancolía al menos.
El último recuerdo que tengo de él fué el beso que le dí aquella noche, en la tribuna. El cual no fué impulsivo ni momentáneamente hormonal... Fué mí más honesto sentir expresándose: Lo había extrañado tanto que verlo venir a saludar después de alejarse por unos meses, me fué grato, emotivo. Y lo supe expresar sobre sú cuello, que espero no haberlo incomodado... Me dolió un poco verlo con su amigo, amigo que antes no lo era por ciertas disputas. Pero traté de ocultar esa pequeña molestia, pasar de largo ese pseudo reemplazo mío que sentí que efectuó, para no arruinar el momento. Porque quería estar bien, quería aprovechar la ocasión y quería darle aquél regalo que tenía hace (creo) 2 meses en mí mochila. Pensando que sencillamente alguna vez lo vería y se me daría la chance de entregárselo. Y pude. Así que me quedo con eso, que supe darle todo el amor que pude (como amiga atinando a algo más) hasta lo último y con mucho respeto. Hasta la última vez que nos vimos, porque después (todo el desastre) fué textual. Hasta a veces parecía que no era él, que sólo le agarró el celular alguien más animándolo a cortar todo lo poco que quedaba de nosotros.
En fin, estoy grande. No nos llevábamos más de una década pero eran suficientes años para no ser, quizás, tan compatibles. Detalle que no veía con las vendas puestas, las vendas del amor. Detalle que con el tiempo empezás a asimilar, aceptar: Éramos diferentes socializando. Bueno, yo directamente no socializaba... A mí me gustaría volverme a Baires, y él quizás aspiraría a otros lugares, desde Estados Unidos hasta Japón, cosa que yo no me animaría. Éramos de distintas generaciones, así que él estudiaba y yo no. Yo trabajaba. Y su explosión derivó a esa presión: Según él, yo no era el problema. Sino él con todas sus cosas más importantes que hacer y por eso, supuestamente, me dejó a un lado para lograr enfocarse en sus estudios. Ah, pero para sus otros amigos sí, todo el tiempo tenía, ¿verdad? Recuerdo que una vez le estaba contando algo y no me estaba escuchando, por estar con el celular. De repente me dijo "vamos", creyendo yo que había decidido acompañarme a casa. Pero no, quería "matar dos pájaros de un tiro": Acompañarme a mí para encontrarse en la zona con otro de sus amigos... Está bien, prioridades. Pero podría haber sido más atento y sincero. Dolió bastante, lo suficiente como para no decírselo. Así que acudí, con el tiempo, a tener mís propias prioridades. Arrancármelo a él de mí y pensar más en mí misma, en mís cosas, en hacer todo lo que quería con él pero sola, porque yo no reemplazo ni lleno vacíos. Él lo era todo. Y cuando se fué, se fué con todo y así quedé. Pero, al menos, me ocupé más en mí. Y continué con la vida porque no hay que perderse por alguien que se encontró en otro lugar. Yo también tenía que encontrarme a mí, en lo que me gustaba, en lo que quería hacer, en lo que podía generar, en los lugares donde podía ir y en todo lo que me llenara el alma. Y así sané, haciendo todo lo que sentía que podía, quería hacer y que me podía alimentar espiritual y emocionalmente. Dejando todo lo malo que alguna vez me trabó, que a la vez me impulsó a no querer trabarme.
Irónicamente, lo mismo que me estancaba en el dolor, me hacía querer salir de él. Hice de todo para arrancar de raíz toda angustia, porque no soy de esas personas que duermen, evitando los problemas. Barrer bajo la alfombra, como le solía decir. Sino que soy de enfrentar a aquellos conflictos. Así que agradezco ese dolor, lo «cruel» que pudo ser él conmigo, porque sino yo no estaría donde estoy ni cómo estoy: Bien. Mejor. Otra persona. Otro ser con otro sentir, con otra ímpetu, con otras ideas y sueños, tal vez. Sabiendo que no quiero ser ese yo devuelta y no quiero pasar por lo mismo con él ni nadie, porque ya aprendí. Así que gracias por aquella lección. Por ayudarme a conocerme, a saber lo que soy capaz de hacer y lo que no, por mí y por alguien, por amor. Por saber el modo de amar que tengo y lo que puedo lograr con tal poder. Por saber que no está muerta esa faceta mía y aún queda algo de sí.
Lo voy a amar toda la vida, pero mantendré tapado ese amor con una leve sábana de odio. Hasta que ambos dos sentires dejen de existir por completo, a la par. Mientras tanto, seguiré sin verlo, escucharlo, leerlo, incluso sin cruzarlo ó imaginarlo, confundirlo con alguien más. Aparte que, lo más probable es que, si lo cruzo no sabría reconocerlo ó no me daría cuenta siquiera que está. Porque pasó tanto tiempo que ya no lo buscaría, no lo vería, no sabría quién es. Mucho menos miraría como antes, si está y con quién. Si todavía tiene sus zapatillas bicolor, que por mí problema en los ojos, era lo único que me ayudaba a notarlo de lejos. Así que el día de mañana, ya no sería un sensor para aquella persona especial... Y no sé cuándo re-abrirá el club, no sé siquiera si yo volveré a ir. Tampoco sé si él volverá ó ya tendrá otras cosas por hacer, con otras personas en otro departamento. Si andará aún con aquellos quienes no me agradaban para que tenga trato ó aquellas que ni cerca me daban ganas de ver. O aquellos/as con quienes era otro en sus redes, tan liberal. Mientras yo me atajaba de no tener contacto con quienes él detestaba... Sólo sé que el tiempo y el destino dirán, y que no tengo por qué pensar sobre ello, menos ahora. - Lo único que sé hoy es que lo amé con todo lo que pude y supe. Que el último recuerdo que tengo de él es que fué la persona que habría elegido para la eternidad. Que le fuí lo más leal posible y no me arrepiento de nada, aún lamentando lo sucedido y lo no ocurrido, lo apostado, no logrado y perdido. Porque lo que uno hace de corazón, siempre será lo correcto. Incluso dejarlo.