Irse es fácil. Habituarse es lo difícil... ¿O no?

Dicen que los de piscis tenemos algo en contra de los cambios, que preferimos todo igual, quedarnos en nuestra zona de comfort a tener que lidiar con movimientos que nos generen ansiedad, alteraciones que desordenen nuestras emociones. Y la verdad que difiero en parte, aunque quizás no se trate de signos, no lo sé... La poca gente con la que hablé el hecho de haberme venido a vivir al norte, a un pueblo donde no habita el caos como en plena ciudad de Buenos Aires, siempre asegura que me costó. Sí, analizo las palabras que emiten, el hecho de cómo se plantea "la duda". Porque no me preguntan "¿te costó?", sino que directamente me consultan "te habrá costado acostumbrarte, ¿no?" como una leve afirmación a la cual yo debería de confirmar (y que obviamente no lo hago). - La verdad que no, no me disgustó tener todas las comodidades del hogar desde décadas y venir, de repente, a un monoambiente sin agua caliente y sólo 2 luces. Dormir en el suelo y comer sobre una caja de cartón grande cual mesa. No me costó, no me costará. Pero siempre me vá a costar la gente, eso aún me pesa. Toda esa falta de educación civil sí me es difícil de asimilarla aún como común, normal acá. Pero no el pueblo en sí, la tierra, el pasto, el barro cuando llueve, las piedras, el viento, el sol fuerte que mal me hace. Todo lo natural no me es raro, nunca lo fué aún viniendo de la jungla de concreto. Me es más difícil entender por qué, un viernes, no hay más bondis antes de la 1 a.m. y tenga que tomarme un uber ó un taxi para volverme a casa... Beautiful people, beautiful problems. Yeah!

Ya no estamos en un pueblo como para entenderlo y aceptarlo, es ciudad. Y la ciudad se tiene que alimentar, sino no hay progreso. Y yo estoy viviendo en un pueblo que vá creciendo, no en medio del monte... Hay más negocios, pero siempre hubo negocios que a los pocos meses cierran. Es una lástima la economía, los microemprendimientos no subsisten, las grandes ideas no perceberan, no hay apoyo a lo artesanal, manual, casero, y es una pena. Me fasciné cuando me enteré que instalaron una pizzería con cerveza artesanal, pero temo que en cualquier momento la cierren. La gente se estanca en lo mismo, sánguche y pancho, no los podés mover de ahí. La misma gente que me dijo que acá no cenan como los porteños son los que tenés pidiendo delivery porque no son capaces de fritarse unas papas con milanesa y huevo en casa. Ah, pero los delicados somos nosotros, eh. Sí, no me agrada la gente cuadrada, me agrada la gente que se abre, explora, no juzga, no se cierra, que sale, vive y deja vivir. Salir y vivir no es viajar, sino precisamente dejar esa zona de comfort que dicen que los piscianos preferimos. Entonces, si vamos por signos, yo no soy de piscis y acá todos los son, ¿verdad? Quizás soy el salmón que vá contracorriente del río, sólo que a mí no me atrapó ningún oso aún. Y creo que de eso se trata la vida, del descarrilarse aunque sea por un rato.

Como escribí antes, hubo muchos cambios. Pero de los cambios que no me agradan, que no esperaba ni que quería. Esos cambios sí no me gustan, pero el resto puedo tomarlos. El tema de la muerte, por ejemplo. El haber tenido que presenciar una y distanciarme de otra, son cosas que no podría volver a aguantar de manera tan abrupta... Pero dicen que las cosas pasan por algo. El club inhabilitado también será por algo. Al profe deribaro a otro labor también es por algo. Me estoy yendo del gimnasio donde dejé todo lo que tenía por algo, también. Cambios, cambios, cambios. A veces propios, a veces ajenos, a veces pensados, a veces sólo efectuados pero ahí están y acá estoy. Dejando de pensar en los cambios que no tuve que decidir y apoyando a los que decidí que pasaran por mí cuenta, consciente, decidida.

El otro día, por cosas de la vida, se me dió por averiguar otro gimnasio. Uno nuevo, distinto. Casi mismo precio, si alguien me ha de preguntar... Por cosas de la vida también, me terminó gustando, atrayendo. Por cosas de la vida, me terminó convenciendo, y me sentí bien y mal al mismo tiempo: Soy de las personas leales, que se quedan con una cosa por siempre, con alguien para toda la vida. Y el otro día cumplí 3 años en el gimnasio donde voy, iba. Pero, como mencioné antes, sentí que ya no era mí lugar, puesto a que cada vez tenía menos ganas de hacer lo que tenía que hacer. Cumplía con mí rutina pero no con mís anhelos, tal vez. No quería irme, porque el problema era y soy yo. El huir no era solución, pero a veces irse no es abandonar, sino buscarse a uno mismo en otro lugar para re-encontrarse. Y me decidí por irme al otro, a otro gimnasio que averigüé instantáneamente y me agradó, me gustó porque no tenés que ir a pedir información, sino que te la dán servida en bandeja de plata, te invitan, te alientan. Eso quiero, ánimos, porque yo ya los perdí hace un tiempo y lamentablemente me toca adquirirlos desde el otro lado... Me sentí bien ante los cambios que estaba planificando generar. Pero, a su vez, sentía una especie de melancolía. Un sentimiento profundo sobre un lugar, donde pasé de todo, donde los espejos me hacían verme crecer y a la vez notarme desmoronar. Donde arranqué con un objetivo y un pensamiento, con un sentimiento y un cierto cuerpo que ya no existe. Pero traté de dejar las nostalgias de lado, para en verdad arrancar hacia otro lado la próxima semana, otro lugar en donde me irá mejor, con suerte. Espero no fracasar, espero no fallarme.

Es fácil el irse: Mí cuota ya venció, sólo tengo que desaparecer y presentarme en el nuevo gimnasio. El tema será habituarse ésta vez: ¿Me caerá bien el profesor? ¿Me exigirá tanto como yo creo que merezco? ¿Podré con lo que pide ó ya perdí ese estado que tenía antes? ¿Habrá compañeras estúpidamente competitivas como me pasó en basket? Donde no podía hacer un ejercicio bien porque me tiraban abajo con comentarios (porque ellas no lo podían hacer). Y después se preguntan por qué uno se vá, por qué el basket no progresa... ¿Cómo hacerlo si no entrenan, no alientan, no se comunican, no llegan a horario? A lo último, suspendían y no avisaban. Me hacían ir y entrenar con el criadero insoportable. Yo tenía que llevar mí bocha y encima prestarla, en fin. Para eso me voy a entrenar por mí cuenta (que, dicho sea de paso, lo hice en cuanto el club estaba habilitado). Pero ahora no estoy haciendo casi nada, y ese club todavía no lo terminan... Creo que cuando un lugar ya no es tú lugar y esa gente no está a tú nivel de interés, es hora de irse. En días, meses, años, pero al final irse si te ves igual, peor ó querés más de vos mismo. Y aquél Jueves me tocó hacerlo con el gimnasio, después de 3 años, empecé a desprenderme de la rutina, arrancarme esa disciplina de ir, hacer lo mío en otro lado, partir. Porque tengo esa inquietud de que en el otro lugar me vá a ir bien, mejor. Porque en el anterior gimnasio ya mí amigo no es mí amigo, y porque la compañera que muestra interés en mí ya la veo como que le demuestra interés a todos, y no tengo ganas de lidiar con nadie ya. Sólo quiero entrenar, no socializar. Tampoco dejarlo todo y tirar a la basura lo poco que logré. Quiero proceder y progresar. Quiero cambiar para bien, para mejorar. Y quizás no llegue a lo que antes quería llegar, pero seguro que podré ser mejor que ahora.

Ya lo hice con personas: Viejos "amores" y viejas "amistades" que perdí porque quise perderlas, que desaparezcan y no me pesen la vida. No porque se hayan ido, sino porque las dejé ir. O porque sí se fueron y yo no las detuve. Tuve ambos casos, pero ambas situaciones me llevaban a un mismo motivo: No me servían... ¿Quién quiere a personas indecisas que no saben si quedarse con vos ó con otra persona? Yo no estoy para una saga de Crepúsculo más donde la inútil no sabe a quién elegir. Yo estoy para que me elijan desde el primer instante, para siempre, como yo lo hago. No soy opción de nadie. Ni como pareja ni como amiga. Ya lo he escrito: Quien quiera estar que esté, sino que siga sú camino porque yo no voy a andar detrás de nadie, ni adelante de. Si quiero a alguien, irá a la par. Y no veo que alguien esté al lado, a la altura ni nada. Entonces, queda seguir por cuenta propia, tranquila y en soledad. Sin cuestiones, sino decisiones. Directo sin vacilaciones. Odio la tibieza, detesto la falta de propuestas. Ojo, no soy partidaria del impulso, sino de la corazonada. Del no pensar tanto y lanzarse, a veces, por el sentimiento que te conlleva. Eso soy, soy intensidad. Y lo bueno de estar en soledad es que nadie tiene que bancártela ni reclamarte nada.

Aunque quizás algún día me toque alguien que sea así y esté a la par, que no dude sino actúe. Que vayamos y seamos lo que sea que seamos, que querramos. Y que si uno tiene algo que cambiar, que lo haga, no que se pregunte si está bien o no dicho cambio. Y que si hay algo que yo hago mal, hacérmelo saber para mejorar. Porque los cambios son buenos cuando se trata de mejoras por quien amás. Y yo quiero mejorar. Y como ahora no hay nadie a la par que acompañe a esa mejora, me habitual el dejar todo y a todos atrás, porque no me llenan. Porque no le ponen sentimiento a nada ni nadie. Yo busco eso, gente que sepa, conozca, que se comprometa, que ama lo que hace y ame lo puede llegar a concretar, ese golpe de combustible que te avisa que podés seguir en quinta a fondo, continuar tu camino, desviándote de la ruta tal vez pero al menos llegando a ese lugar donde querés llegar, donde te gustaría estar. Fuera de tú jaulita llamada rutina... Y por eso voy a ello por mí cuenta, porque el ritmo de la gente acá es tan monótona, insulsa, que prefiero no contagiarme. Por ejemplo, ayer fuí al teatro. Y fué maravilloso.

¡Hace cuánto no piso un teatro! Como espectador, claro... La orquesta sinfónica local se presentaba, yo tenía que estar ahí. Como oyente de música clásica, así como amante de las tablas, de vez en vez. Si es que el espectáculo incluye música, porque no soy mucho de las obras de teatro. No me llama mucho la dramaturgia, pero sí la ópera, la orquesta, los musicales. Creo que la última vez que fuí a presenciar una obra, fué un musical de Cibrián-Mahler, pero no recuerdo sinceramente cuál. Época del Teatro Ópera, antes de que sea de Macro, antes de que sea del Citi. Ahora se llama Opera On. En fin, El Nacional, El Cervantes, fuí a unos cuantos de jóven, entre otros centros culturares y bares... Fué lindo volver a oír ese "precalentamiento" de cuerdas y vientos característico, con ese largo LA.

Es dificil encontrar a alguien que tenga tus mismos gustos, intereses, rítmos, pensamientos. Pero creo que es más difícil ser alguien que no sos, adaptarse a los demás, a seguir la corriente, a dejar de ser uno por temor al otro. No tiene sentido el atajarse porque la vida pasa y las oportunidades vuelan. No me agradó en dar tanta vuelta sólo para volver a casa, pero me hubiese desagradado más el hecho de no haber ido. Y hoy, gracias a eso, estoy llena. Una salida, un paseo, un ambiente distinto. De hecho, pasé de la serenitud de una orquesta sonando naturalmente a un lugar con bancos en la vereda, reggaetón viejo al palo y yo haciéndome de un "happy hour". Había que equilibrar, ¿no? Aunque la próxima tomaré más rápido para no andar detrás de un bondi que creía que pasaría y se terminó desviando de la parada. Suerte la mía, eh. Pero logré volver a casa. Hecha y derecha.

Irse es fácil. Habituarse tampoco lo es, en la mayoría de mís casos... A las obras, solía ir con mí amigo. Pero mí amigo no está, vive del otro lado del país. Pero esa no es excusa para dejar de teatrear. De hecho, cuanto terminó la última pieza, me quedé dentro del teatro, esperando a que las últimas personas se vayan. Luego me quedé en la escalera, observando cada cabecita que se movía en planta baja. Cuántos éramos, cuántos fuímos unidos por lo mismo. Cultura activa, la Clásica viva. Música de hace miles de años y todavía trascendental... Sé que escribí muchas cosas negativas sobre mí padre, pero hay ocasiones en que toca escribir cosas buenas como ésta: Si no fuera por él, yo no sabría quién fué Beethoven, Mozart, Bach, Vivaldi. Si no fuera por mí hermana, ignoraría a Puccini, Bizet, Verdi. Y si no fuera por mí curiosidad y oído por estimular, no hubiese buscado, encontrado y conocido a Tchaikovski ni Schubert, Kórsakov ó Schumann. Agradezco esa parte heredara. Y agradezco ésta cuestión de la independencia, que no sé cuándo lo empecé a efectuar. De cría me mimaban mucho, quería un mundo seguro para mí, querían lo mejor, lo que ellos no tuvieron, así que me daban todo. Lastimosamente, entendí que no todo es blanco o negro, que no es de un extremo a otro. Hicieron un poco mal en "mal criarme", puesto a que después tuve que aprender todo a los golpes. Pero aprendí, y eso es lo importante. Como el dejar de esperar y avanzar, no estancarme, no culpar, no persuadir, más bien no decirle, preguntarle nada a nadie e irme en silencio. Hacer lo que quiero, deseo, sin cuestionar ni molestar.

Creo que cuando hacés algo de corazón, con un convencimiento sólido donde ponés toda tú moción en esa decisión, no te cuesta acostumbrarte al punto donde decidiste moverte... Lo mismo el vegetarianismo: Dejé la carne de un día para el otro, ni siquiera le pedí permiso a mí padre (de todas formas, yo era mayor ya pero era sú hija bajo sú crianza y techo, donde él cocinaba). No tuve reproches, ni siquiera recaídas ni tentaciones. La gente que lo hace poco a poco ó de manera intermitente es porque no quiere, no puede, porque le llenaron la cabeza ó porque se prendió a alguna moda. Es bueno que lo intenten de todas formas, lo malo es que se fuercen de mala manera para lograrlo. No tiene sentido hacer algo que no se quiere, que no se ama. Yo, si fuera esa persona, preferiría comer a que estarme mintiendo y dejar de ser yo.

En fin, es fácil irse pero no el habituarse. A veces, dependiendo la decisión, si es propia, ajena, tomada u obligada sin opción, si es forzada ó realmente convincente. Si es para alguien ó para uno mismo, si es por alguien ó por uno mismo. Si es mental ó de corazón... Creo que me dolió más quedarme por desición del corazón que irme por tal, porque te empecinás en que funcione por todo el esfuerzo que le estás invirtiendo. Hasta que te dás cuenta que nunca funcionará por más corazón que le pongas... La mayoría de mís decisiones vienen del corazón, pero hubo unas tantas mentales a la par, porque el corazón está tan destrozado que no podés usarlo más, y te toca la mente utilizar. Como cuando me decidí en venirme al norte: No era un deseo lo que sentía, era una necesidad que pensaba. El escape, porque no me quedaba de otra. Porque ya no sabía qué hacer, y mís emociones ya no me podían ayudar... Creo que si pasé por todo eso a mís 22, podría irme a cualquier lado a mís 35. Pero no pienso en eso ahora. Si me tuviese que ir, volvería de donde vine. Espero a mí madre para partir, mientras tanto haré mini-viajes: Volvería al teatro como ayer, como antes, a mís 16. Así como volví a desayunar tostadas con café, viendo series de comedia de los '90 y del '00, y no estar tanto con la mente en La Ley & El Orden U.V.E. Y así como volví a andar en bici pero dejé nuevamente, porque otra vez se jodió la cámara. Volver, volver, volver. Volví (en parte) a lo que era, a lo que hacía antes sin viajar para acá. Volví a ser y hacer lo que fuí antes de querer sanar, a lo que era hace más de una década. Y quién sabe, quizás también vuelva a estudiar. Trabajar de otra cosa, no sé. - Anoche, viendo a los meseros tan jóvenes, me recordaron cuando yo tenía sú edad, pero era bartender... Espero que nadie les quite los sueños, ni les pase algo en la vida que los bloquee y los haga irse como yo. Son jóvenes en construcción, en desarrollo, otra generación, criada de otro modo pero en un mismo mundo podrido. Ojalá hagan la diferencia, se queden y crezcan, perduren, luchen en vez de abandonar y tener que alterarse toda la psiquis por factores externos. Ojalá les vaya bien en la vida, y tengan otros valores, que ya me cansé de los viejos verdes, la generación x tratando de cristales a los de generación z, mientras yo como millennial no veo ninguno de mí edad que esté cuerdo.

En fin. Es fácil irse, dejarlo todo. Y es fácil habituarse a ese nuevo espacio cuando uno en verdad quiere estar ahí, en su nueva zona para hacerla de comfort. Pero temporal, cual nómade que vá y se vá cuando ya hizo lo que tenía que hacer y obtuvo lo que quería tener, lo que necesitaba, para luego irse por más... Así estoy, como de costumbre, aparentemente. Tratando de buscarme y encontrarme una vez más, en otras cosas: En lo viejo, en lo nuevo, en lo mismo y en lo distinto. Como hoy, que sería mí último entrenamiento en aquél gimnasio, donde voy a acabar con espalda como cuando empecé. Me voy a quedar con esos 3 años que cada día de ellos supe ir a dar lo más que podía, dar lo todo y poco de mí, lo mejor y lo peor. Y me sabré ir conforme, con el interés de no volver pero con la mente abierta de que podría, tal vez, el día de mañana. Quién sabe, distinta, más fresca, con otra cosa en mente. Especialmente si no me hallo en el nuevo sitio. Y trataría de encontrarme en el mismo lugar, pero sin ser la misma. Como volvería así a mí Buenos Aires querido. Es que no sólo se trata de dejar los lugares donde ya no querés estar, sino también de dejar de ser lo que ya no querés ser en ellos. Por eso te vás... Y podés volver luego a los mismos sitios, pero seguramente ya sin ser el mismo que habituaba, que habitaba en ellos. Esa es la gracia del partir, ir, vivir otras experiencias, aprender de ellas y del irse para volver en sí. En volver a lo que dejaste como lo dejaste, casi, pero no sentirlo como cuando te fuíste. El rebotar después de un tiempo es parte de la lección, aquella de crecer, de probar para saber lo que querés y lo que no. Si no probás, si no arriesgás todo, nunca lo vás a saber y vás a vivir toda una vida de lo mismo en buclé, sin sentido. Y el sentido de la vida es eso: Tener varias vidas en una. El saber, entender, aceptar que simplemente necesitabas cambiar de persona, cual juego, y no sólo de lugar. Ser otro para encontrarte en otro escenario. Ser otro, volver y re-encontrarte en el mismo espacio que nunca cambió pero se siente diferente. Porque, justamente, sos vos quien lo hizo diferente.