Hoy presencié un final. El final de una serie que me viene acompañando desde hace varias mañanas. Varios cafés con tantas tostadas, mientras el Sol me entraba por la ventana y calentaba mí espalda cada vez menos, por la transición del Verano al Otoño. Por la transición mía también.
Hoy la ví distinta. Me senté a ver el último episodio sin saberlo, sin mí sillón, puesto a que mí gatito decidió orinarlo con anterioridad. En fin, no esperaba un cierre. Es más, no esperaba nada, teniendo en cuenta que empezaron a dar los capítulos semi-salteados, repetidos algunos incluso, en Comedy Central. Pero, por suerte, supe sentarme entre tantos quehaceres matutinos del hogar. Parar y presenciar el final de Frasier, una serie de 1993 con 11 temporadas que creo que no cumplió ni dos meses en mí rutina actual. Pero ese corto tiempo fué lo justo y necesario, lo suficiente para sentirme en compañía, entendida, comprendida en aquella lucha interna y externa, y en mí planificada partida por una nueva vida. Una vida que estoy tratando de construir desde acá y espero culminarla allá, al otro lado del país.
"The only reason I'm leaving is because I want what all of you have now: A new chapter... Who knows if it'll even work out?"
Nunca creí que una vieja serie de comedia, que mí padre veía sólo para pasar el rato, me significaría tanto en la adultez. De hecho, yo era más de Becker (1998), un médico que odiaba a todo el mundo por el simple hecho de existir. Que se quejaba de todos por todo, desde lo más mínimo hasta cada gran injusticia. Y sí, sigo siendo así, pero también tengo mí lado Frasier. No por lo psicólogo sofisticado, sino por esa búsqueda. El analisar a todos y a todo. El hacer lo posible para tener un nuevo capítulo, planteándome los por qués y para qués. Y por el escuchar a los demás, pero tener que dejarlo de lado ahora también para escucharme a mí. El saber a dónde ir, el saber dónde sentir y para dónde debo direccionar, recrear mí camino. Por lo que quiero, por lo que deseo, por saber dónde tengo que ser. Para recuperar «mí yo inquiero». Aquel que hacía boxeo, funcional, taekwondo, senderismo, basket, e iba al gimnasio... Hoy sólo tengo lo último y, claramente, no me conformo. No soy capaz de volver a trotar y rara vez vuelvo a andar en bici, aunque lo veo más como paseo que entrenamiento. En fin, viene el Otoño y quizás tenga espacio para efectuar éstas últimas dos cosas nuevamente. Porque, irónicamente, los días se acortan pero yo así tendría más tiempo. Y en cuanto a lo otro, no sé si volveré a tener oportunidades. Todas las que tuve ya las tomé y no se me presentaron más. Ojalá haya un mañana para mí lista de actividades y no estancarme en la inactividad, no estar con esa sensación de que el lugar me sigue echando, de que ya no tengo nada más que hacer acá porque ya nada me ata prácticamente, a la vez no pudiéndome ir aún. Ojalá, ojalá, ojalá. Ojalá ser libre de una buena vez.
Las mañanas no serán las mismas. Ya no veré esa serie. Parece tonto, lo sé. ¿Tanta importancia? Es que, a veces, prefiero quedarme con los finales (y quiero ese final para mí también). - ¿Por qué seguirla viendo ahora desde el inicio? No me interesa. Creo que ya ví lo determinado, lo justo y necesario como para sentirme completa, un tanto "apoyada" en aquellas cuestiones de las que trata la serie: La del intentar todo para luego partir, el irse, el buscarse en otro sitio y quizás encontrarse en un nuevo lugar ya que no pude en éste. Sin mal-pensar que estoy abandonando y rindiéndome a todo por lo malo que me vino pasando... Ojalá yo también pueda viajar el día de mañana. Ser como en verdad soy. Que si bien nunca dejé de serlo, me gustaría intensificarlo. Liberarme más de lo que ya lo hago. Y quizás, como yapa, logre que alguien más sea conmigo lo que en verdad es. Alguien real, con honestidad, los mismos valores, puntos de vista, sentires, pensares y disfrutes. Sería tener demasiada suerte ya... Pero ojalá me vaya como él, aunque pronto, porque ya pasaron más de 11 años en mí serie. Ojalá pueda largarme, pero no a Chicago, sino a BAires. Donde quizás pueda pertenecer y permanecer.
Supe ahora recién que la serie volvió en el 2023, en Paramount+, pero no sé si les daré de comer a éstas plataformas full anuncios sólo por obtener yo una nueva sensación de auto-identificarme con un personaje ficticio. Para no sentirse tan raro en éste pueblo de inertes... Veremos qué procede, qué ganas hay en el futuro. Si tengo deseos de identificarme nuevamente con otro mismo ser ó si puedo seguir sólo conmigo. Mientras tanto, buscaré qué ver cada mañana a partir de ahora, quizás vuelva a Third Watch. Pero no para pensar ni sentir, sino, simplemente para ver y no mirar. Oír y no escuchar. Simplemente desayunar, como quien pone cualquier cosa en la tele ó en la radio, de fondo. Y espero que con mí sillón ya limpio, seco y perfumado, con mís gatos en la ventana mejor y las campanitas colgadas en el marco, resonando por el viento. Junto a ese Sol tenue que hace que se adentre un mini-arcoiris que no sé de dónde salió, pero que me ilumina ese café con tostadas de cada mañana. "Lo mismo de siempre (pero diferente), por favor".
Ah, Frasier: I'll miss the coffees too... Cheers!