Consecuencias De La Fidelidad: Me Convertí En Lo Que Siempre Odié.

Ésta semana estuve pensando en la gente que hace mucho no veía, no trataba, a raíz de haber cambiado de gimnasio. Me alegro demasiado porque no me hablan, no les hablo, no preguntan, no respondo. Sólo que me dá una especie de melancolía los Sábados: Cuando voy de compras esas noches me digo "a éstas horas debería de estar entrenando". Creo que sólo extraño eso, el mantenerme un Sábado por la noche en vez de "sólo" entrenar de Lunes a Viernes. Y pienso en aquella mujer que me trataba lindo y reconfirmé que no le era de sú interés totalmente. Porque, al irme, me podría haber buscado por instagram ó whatsapp, y no lo hizo... Tenemos un amigo en común, de hecho, podría haberlo hecho. Conseguido algo de mí por medio de él, aquel "amigo". Era mí amigo. Era lo mejor que había conseguido en ese gimnasio por esos 3 años y lo arruinó. Irónicamente, empezó a tratar con aquella misma mujer y todo se desbarató. Por eso también no tuve ni el interés mínimo con ella. Si bien el rencor ya no estaba vigente por éstos meses, tampoco quería tener algo que ver con quien "se llevó" a mí amigo (porque me parecía tonto). - Él me sigue escribiendo, responde mís historias y demases, pero no le doy tanta importacia. La importancia que le daría si él todavía siguiese teniendo mí respeto y amistad. Y no, no soy una persona rencorosa a largo plazo. El odio me dura poco, al menos que te ame demasiado. Pero era un amigo a quien estimaba, uno que admiré mucho por sú forma de ser y pensar, por aquellas charlas que teníamos en el auto bajo la lluvia, cuando me acercaba a mí casa. Lo quise lo suficiente como para que aquella tonta actitud me molestara un corto tiempo, para luego proceder a desprenderme lentamente hasta lograr saludarlo sin ganas en éstos últimos meses... Ya no me llevaba a casa. La llevaba a ella y estaba bien. Cada cual tiene sus prioridades. La mía era entrenar, crecer, así que me vino bien dejar ese lugar para un mayor asesoramiento físico y entrenar de manera óptima. Y de paso una distancia con los alrededores. Sólo hablar con los profesores porque socializar me hace bastante mal cuando entreno. Es que yo voy a entrenar, no a charlar. Para charlas hay cafés, mates, tardes. No noches y menos en un gimnasio, porque es despilfarrar tiempo. Lamento lo perdido con él pero, como todo lo desprendido en éste tiempo, me hizo bien el deshacérmelo.

También me puse a recordar a mí compañero de boxeo. Qué será de la vida de ese pibe... ¿Seguirá viviendo cerca? ¿Seguirá laburando donde habituaba? ¿Seguirá yendo al mismo gimnasio por la mañana? ¿Llevará a alguien más a ver chicas a voley? Era terrible ese tipo, pero también fué mí amigo y desde que se juntó ya dejó de serlo. Me dí cuenta cuando me trataba de masculino frente a ella, sú novia quien evidentemente era alguien que no quería que tenga "amiguitas" y la entiendo (yo también desconfiaría porque lo conozco). Entonces tomé distancia, dejé de mandarle mensajes y trataba de no hablarle mucho cuando casualmente entrenábamos en el mismo horario... ¿A dónde hemos llegado? He aquí las consecuencias de la fidelidad. Pero, ¿lo valen? - Siempre fuí una persona leal, fiel a mís principios y sentimientos. Recuerdo que toda mina con la que salí, hacía quilombo por con quien yo hablaba, escribía, andaba, trataba, tocaba. Fué gracioso que todas hayan sido las que en realidad me fueron infieles, paradójicamente... Ahí entendí que no eran personas inseguras, que desconfiaban de mí, sino de ellas mismas. Me apuntaban con el dedo cuando en realidad se estaban reflejando, proyectando lo que ellas fueron, son, serían capaces de hacer, y no lo que yo en verdad haría ó no. Y fué muy triste, en sú momento. Hoy, por supuesto, ni interesa. Todas murieron para mí. No tengo sus números, facebooks, instagrams, no nos cruzamos por el barrio ni en el bondi, nada. Bendecida totalmente con su rotunda desaparición para lograr una vida tranquila, para nada incómoda.

Y hablando de incomodidad, la cual ya no tengo: Últimamente me vengo cruzando mucho con alguien. Otro amigo y también de añares. No de boxeo ni del gimnasio, sino de basket. Que en realidad lo conocí en funcional... Extrañamente lo vengo viendo seguido en el barrio, después de un larguísimo tiempo. Sólo que ahora nos ignoramos a más no poder. ¿Por qué? No lo sé, no lo sabré nunca al menos que le hable, pero no tengo ganas de enfrentarlo. Creo que prefiero las dudas y el silencio, la distancia y el desapego. ¿Por qué yo volvería después de tanto tiempo? La última vez que nos tratamos fué hace 2 veranos. No sé si se distanció porque me debía plata (lo cual sería ridículo) ó porque se dió cuenta que yo me había enojado (por un corto tiempo) porque él me debía esa plata... Sea cual sea el "motivo", me parece ilógico ya. Éramos grandes amigos, entrenábamos juntos y me felicitaba trás terminar regia la rutina de funcional. Fué el primero que me habló del grupo porque entrenábamos siempre cuando el resto faltaba, así que éramos los 2 constantemente. Él venía a las corridas porque no llegaba antes, y después hacía basket todo desfasado. Fuímos a hacer senderismo varias veces, incluso habíamos guiado a unos grupos de +20 personas. Pero, de repente, un imbécil lo desbarató todo por nada. Y, con el tiempo, tomé lo de la deuda como "excusa" para lograr desconocerlo por completo porque sentí que yo ya no quería nada con él ni él conmigo. Ni yo con nadie, directamente, porque necesitaba mí tiempo, mí distancia con el mundo para salir de lo que tenía que salir en sú momento... Antes me le escapaba. Y ahora es estar en el mismo lugar pero ignorarlo totalmente. Me convertí en lo que siempre odié: En aquella persona que deja de hablarle a alguien sólo por amar a otro y respetarlo. Nunca lograba entender esa actitud, me parecía pésima. Pero claro, era porque yo estaba del otro lado. Luego me tocó vivirlo y ahí comprendí todo. Pero terminé dándolo todo por alguien que ni la mitad de lealtad tuvo por mí, así que aprendí el doble.

Siempre supe que la persona que más amé en ésta vida, al único, tenía ciertas inseguridades. No me las decía, pero me daba cuenta (no soy idiota). Era muy notorio, me lo insinuaba entre líneas, comentarios y con situaciones sobre otras amistades (nunca fué directo a mí persona). Era sabido que se aferraba demasiado y no quería soltarlas por nada ni por nadie. Esas personas eran suyas y me hacía saber lo egoísta que podría llegar a ser. Incluso también me hacía saber a los que no quería, especialmente si yo trataba con ellos. Así que de repente él detestaba a sú propio compañero, compañero suyo en basket y mío en funcional... Me acuerdo que, con el tiempo y entre cervezas, nos asinceramos con aquél amigo "víctima" de su repentino rechazo: Me preguntó qué había pasado con el susodicho que ya no estaba con él en el club y, claro, le fuí sincera pero muy resumida y precisa, sin detalles ni extensiones, ignorando los por qués: "Me dejó de tratar". Luego él también fué honesto, contándome que ésta persona ya no lo saludaba como antes, que lo hacía sin ganas. Y que cuando estábamos juntos, él notaba que nos miraba (y no muy lindo). Y yo también lo noté, claro. Era mí amigo, aquel muchacho que en realidad yo amaba y quería para algo más, ¿cómo no me iba a dar cuenta que le estaba haciendo mal el verme con otro amigo, tomando proteína (que en realidad nunca le dí), y dándome charla como con él? Juro que intenté todo para alejarme, esquivarlo, pero mí compañero me veía y se sentaba conmigo (no podía echarlo). Y sobre ésta última situación, no le dije nada a ninguno de los dos, sólo escuché sus versiones de éste suceso: Al que tanto amé lo enfrenté y me dijo que deje de tomarme todo tan personal (cuando claramente nos vió con la peor de las broncas y se fué, secuencia que nunca le conté a mí compañero). Y mí compañero, amigo, había notado aquello mismo a 10 metros de distancia, asegurándome que todo lo que yo ví era real y no una mala-interpretación mía. Sí estaba enojado porque yo ya no estaba con él y me había "quedado" con mí anterior compañero. Ah claro, pero él sí podía estar con el amigo con quien volvió a tratarse después de utilizarme como escudo anti-soledad, con propósitos de distracción y seguir andando con su millón de amigos/as, compañeros/as, conocidos/as, amantes y toda esa sarta de gente que conoce... Genial, muy justo, eh.

Creo haberle hecho una mueca a mí compañero trás terminar de escuchar la visión que él tenía con respecto a la actuación de aquel otro, y cambié de tema para mejor. Nunca le dije lo que yo había visto ni hablado anteriormente con el protagonista de ésta actuación: Recuerdo en una tormenta, el 9 de Enero, haberlo ido a buscar al club para que me diga en la cara lo que le había pasado y, claramente con un buen rechazo, me mandó a pasear como si yo estuviese inventando todo el drama... Básicamente, éramos 2 personas "contra" 1 al saber lo que pasaba. Ambos éramos muy detallistas, observadores, y el otro era bastante transparente. Pero yo ya no podía hacer nada, porque según él yo no tenía nada que hacer tras "asegurarme" que él no se había enojado. Y luego ya no importaba sú histeriqueo porque yo ya había hecho todo para esquivar a ese amigo, por lealtad a quien yo tanto quería que se quedara en mí vida (porque en serio lo amaba, lo amé con todo lo que pude). Aún así, ese ser que tanto quise y tanto le cumplí los caprichos, ya se había desprendido porque se le cruzaron los cables... Y todavía se preguntaba el por qué creía que yo me sentí usaba, qué caradurez. Juro que todo ese maltrato que me dió, el tirarme toda la culpa a mí y el mentirme en la cara, me dolió más que todas las infidelidades que tuvieron las otras conmigo. Puedo decirlo con un nudo en la garganta que nunca estuve tan al pendiente de lo que quería ese alguien, de lo que sentía ese alguien para tratar de cumplir con todo lo que necesitaba, lo tanto que quería para sentirse bien conmigo. Le dí todo lo que podía, quería y más. Sin embargo, heme aquí, sin él ni nadie. Sin el pan y sin la torta, como dicen. Sin mi amigo, compañero. Y sin aquél imbécil que tanto amé, vaya a saber por qué... Y qué bronca sentir todo rebrotar, recordar cada detalle nuevamente. Tener en mente algo que supuestamente ya había olvidado. Quizás es mí mecanismo de defensa: El querer dejar de sentir lo bueno y lo poco que queda de una vez por todas. Dejar ese buen sentir por alguien que ya no está, que no merece nada de todo ésto y me es mejor recordar lo tanto mal que me hizo para seguir odiándolo. Porque se siente mejor así, aquel nunca perdonar. Y pedir que todo lo cruel le sea devuelto, en vez de desearle lo mejor. Quizás el frío me esté congelando las neuronas con ese olor de la calle, esa sensación helada, aquel viento fresco. Y por eso estoy retrocediendo con el repudio aquél que le tenía en éstas épocas, por aquellos años. Quizás, quizás, quizás. Y porque sé que no gano nada sintiendo tanto, que no puedo progresar amándolo (no se lo ganó, de todas formas). Es un tipo que arruina y duerme tranquilo... Él no merece esa paz. Esa paz debería ser mía. Merece soñar conmigo, en el peor de los escenarios, después de todo lo que hizo y dijo. Por eso trato de arrancar todo buen sentir de raíz. Y ante el más mínimo brote de bienestar sobre sú persona, lo ahogo con malos recordatorios que obliguen a ese amor a secarlo, a no renacer nunca más.

Creo que entregarle todo a alguien no te asegura fidelidad ni te garantiza durabilidad, nada. Fué el único man-child que amé y juro que será el último. Pero no por serle fiel ya, sino porque no quiero otro desgraciado en mí vida. Prefiero hombres como amigos y hasta ahí (porque no prefiero nada en su totalidad). No sirven para más nada que eso algunos. Mientras tanto, seguiré ignorando a todo compañero que me dejó, que le dejé. Porque recuperar algo por el simple hecho de ser libre ya, no me hace querer volver, molestar. Siempre lo mencioné: No tengo vacíos que llenar. No busco a nadie, no quiero a nadie. No rebusco, escarbando oportunidades, para ver si quedó algo en el fondo como quien raspa el pote por una cucharadita más. Si lo hago con alguien es porque sé que puedo contar con esa persona pese a los años sin tratarnos, justamente porque no terminaron las cosas mal (como mí amigo en BAires, donde siempre seremos aquellos niños que tanto nos amamos). Porque una cosa es no tratarse, dejar de habituarse por nada. Y otra es distanciarse por ciertos motivos, en malos e incómodos términos... No volvería a hablar con mí amigo de boxeo, ni de funcional ni de gimnasio. Ni siquiera volvería a tener amigos. Creo tener la vida bastante estructurada como para andar dándole charla a alguien. Me siento bien así, sin tener que cumplir con ciertas responsabilidades afectivas. Ya no más preguntar qué comiste, cómo te fué, qué tal los estudios, y el cómo te sentís. Creo que una gran parte de mí murió ahí y no sabría revivirla ya. Y todo "gracias" a él. - Creo que solo él podría revivirla, pero tendría que arrastrarse, rogarme como yo lo hice en sú momento con él, por él. Dejar de ser aquel inmaduro y hacerme saber que creció tanto como yo. Que lo entendió todo, que lo sintió todo y lo aceptó. Aceptar que él tuvo la culpa de todo, que arruinó mí persona, mís modos, mí cariño y una gran parte de mí vida. Que me saqueó la esperanza, lo que tener una conexión genuína significa, y lo que es amar en todo para todo por sobre todo... Después de todo ésto, ¿cómo dejarlo en paz? ¿Cómo dejarme en paz? Porque escucho las primeras notas de "Silver Springs" y temo quebrar. Necesito no confirmar ese miedo. Necesito no escuchar ese tema y pasarlo. El único modo de no tenerlo como una mala canción y arruinada por él, sería dejando de sentir todo éste peso. Peso que debería de cargar él, no yo. Así que sí, él debería de pedirme perdón. Pero no lo hará, por cobarde y orgulloso. Y porque cree que el victimario soy yo. Que el personaje malo soy yo, todo lo hice yo, yo, yo. Y él es el héroe, sobreviviente de mí temible plan. Según él, yo soy lo peor que le pude tocar en sú miserable vida, y no al revés.

Le fuí fiel a alguien que no le importó lo que sentía, lo que hacía. Sólo le importó él. No le importó que yo lo ame, sino que le interesó ser amado hasta que tuvo alguien más quien le interese. No valoró lo que le dí, lo que hice, lo que dejé de hacer y lo que dejé de dar. Se valoró él, cual narcisista que sólo quiere llenarse... Lo malo es todo el odio que me hizo sentir por eso, pero lo bueno es que ya no lo tengo más en mí vida para seguir odiándolo de manera directa: Como dije antes, no somos compatibles. Lo acepté ahora, con menos ojos de amor y más sentimiento de bronca. El haberme quedado con él habría sido bastante tedioso. Porque él no dejaría todo por mí como yo lo hice, seguiría usándome. Él no dejaría de hablar con ciertas personas, ni dejaría de seguir a ciertas otras en sus estúpidas redes sociales. Es hombre, no puede ni aunque le paguen... Yo habría dado todo, más de lo ya había dado. Pero, gracias a él, no lo volvería a hacer ni con él mismo ni con nadie, ni como amigo ni nada. Porque aprendí lo suficiente para no volver a cometer el mismo error de lanzarme aún sabiendo el vacío con el cual me iba a estampar en el fondo. Pero no es sú culpa ser inerte. Es mí culpa por creer en que yo le podía sacar la tibieza, el calentarlo. Pero fué demasiado el calor y lo terminé quemando. Creo que fué demasiado amor, tanto que no sabía qué hacer con tal porque nunca se lo dieron de verdad, y nunca se lo darán. Así que, que se quede tranquilo que no vá a tener que pasar por lo mismo como conmigo, porque nunca lo ván a amar igual. No lo ván a amar, siquiera, sólo desear, utilizar. Seguro que toda persona que se cruzó después de mí, no supo qué hacer con él. No supo el cómo ni con qué, y se rindieron al instante... Ya no hay personas que luchen, aguanten, persistan. No hay personas que sientan, siquiera. La vida con él me dió a entender eso, que soy demasiado para gente tan común. Y espero que la vida le dé a entender que nunca vá a poder con alguien tan intenso y siempre recibirá menos. Y no, no es karma ni es justicia, sino lo debido. Porque todos obtenemos lo que merecemos. Él recibió, recibirá unos cuantos y unas cuantas como él mismo ó peor y se aferrará de por vida tratando de llenar la ausencia mía. Y yo, alguien tan grande deberá recibir alguien como yo misma. Pero como no existe, merezco la nada misma. La soledad pero con una tranquilidad insuperable, hasta que llegue alguien que logre igualarme, estar a la par mío.

El otro día escribí que había soñado con él. Que lo había soñado lindo, bien, estable. Pero me desperté pensándolo mal, todo lo contrario. Como si le faltara algo... Sin embargo, me quedé con el lindo sueño, como si hubiésemos hecho las pases ensueños, aquella que en la vida real no supimos hacer. Aquella tregua de yo ya no sentir nada de odio. Siendo conocidos desconocidos. Yo sin rencores y él siendo el mismo de siempre, aquel que hizo que nada de todo ésto (malo) pasó. Por eso ahora puedo liberarme, darme más a las oportunidades y que si se presenta algo, alguien, tomarlo como sea. Pero liberarse no es prostituírse, sino, no sentirme mal por querer hacer otras cosas con otra gente (como antes). Eso no significa que yo tome a la primer persona que me cruce y haga algo especial. No, significa que si llegara a aparecer alguien que con el tiempo se torne especial, lo tomaría sin miedo, sin sentirme mal e infiel. al contrario... Él nunca fué leal conmigo, sin embargo no le pagué con lo mismo. Fuí diferente, no me vengué. Lo respeté hasta lo último, hasta éstos 3 años. Pero ya es hora de dejar de serle leal. Y empezar a ser lo que él sólo supo ser conmigo: Indiferente. - Quiero dejar de ser yo. Mí yo nunca reemplazó, nunca sacudió el silencio para que grite y tener algo con qué no dormirme, entretenerme. No tengo amigos ni amigas por doquier. No sigo a cualquiera para pajearme en instagram, pero ya debería ser lo suficientemente libre para hacerlo. Porque, ¿dónde se consigue a alguien que sólo tenga ojos para mí? ¿Existe? ¿Dónde están esas personas que piden lo que sí dan, en vez de exigir lo que no pueden hacer? No hay. Me estoy reservando para nada, para nadie aún. Seré yo siempre la única, la última así. Aquello mejor que nadie tendrá pero que ahora ya no quiere ser esa inútil espera. Así que mientras tanto (mientras llega la correcta) me convertiré en lo que siempre odié: Me convertiré en él. En un ser egoísta pero con un propósito aceptable, tal vez.

Hoy soy un ser altanero que no habla pero escribe, acá está. La calma en persona, en público, y el caos en la soledad del hogar. Mí alter-ego se esconde pero existe, vigila y controla. Nada me es suficiente y todo me es insignificante. Todos me son inferiores y obvio que merezco muchísimo más de lo que ya tengo. Al menos no es un delirio. Mí narcisismo no es narcisismo propiamente dicho, justamente porque no hay inseguridades ni miedos, no tapo nada con un invento (a diferencia de él). Porque yo no me la creo, sino que sí lo soy. - Por consecuencias de la fidelidad, me convertí en lo que siempre odié. Por haber amado tanto por nada a alguien, lo terminé odiando por todo hasta el hartazgo. Y aquel último sueño lindo, sueño fué. Habremos hecho las pases en ese universo paralelo mental, pero no en éste. Así que terminé escupiendo mís más peores deseos hacia él acá y ahora, sobre él, por él. Le deseo lo mejor en otro ámbito, pero le imploro lo peor en éste... Rogué, ruego y rogaré de todo corazón que se cumpla todo mal deseado de mí parte por mí parte: Que toda mujer que tenga le recuerde que yo existo. Y que cada vez que le pase algo inaceptable y que crea no merecer, con quien sea, que no piense que es mala suerte ni otra estúpida lección por aprender. Sino que sepa que fuí yo, soy yo manifestándose, con todo el odio que le guardé durante todo éste tiempo. Y así lograr, de una vez, vaciarme de tal.

Amarte es un Arte. Pero odiarte también, y lo es mejor. Más factible.
Amarte conlleva tenerte, sentirte, tratarte, hablarte, cuidarte, demostrarte 24/7.
Odiarte sólo es saber que existís y desearte lo peor en cada paso que dés, sin pensarlo.
Amarte es esperanzarme, esperar y lanzarme ante cualquier oportunidad.
Odiarte es resignarme. Continuar con mí vida y dejar de arruinarme.